Tuesday, March 21

Ernesto Castro: “No me considero feminista igual que no me considero santo, es una palabra demasiado grande”


Cuatro reclusas de Auschwitz conversan una noche sobre el sentido de la vida en esa cárcel inhumana y sobre el morir digna e indignamente. Cada una de ellas se posiciona de una forma distinta, desde la materialista Charlotte hasta la eclesiástica Edith Stein. Ernesto Castro (Madrid, 1990) intercala todas estas voces –y alguna más– de una manera natural, irónica y divulgativa en su primera novela, que no es su primer libro. Jantipa o el morir estrena su Trilogía platónica (Temas de Hoy), donde el Doctor en Filósofía va a desmenuzar algunos debates inabarcables de la humanidad, como el saber o la libertad, a través de figuras femeninas de la historia contemporánea y clásica.

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Aunque la prosa sea un terreno nuevo, no lo es la divulgación. En la universidad donde imparte clase y en su canal de YouTube, que acumula 126.000 suscriptores, Castro presenta temas complejos de la forma más digerible. “Hace unos años era el filósofo del trap, ahora parece que he ascendido a la categoría del filósofo milenial y pasado mañana igual me convierten en el filósofo neoplatónico”, afirma en esta entrevista. De momento, suma una nueva etiqueta: la del filósofo novelista.

Es su primera novela y ya se enfrenta a los debates éticos y ontológicos de la muerte. ¿Por qué abordarla en un formato tan complicado como un diálogo a cuatro y hasta cinco voces?

El diálogo es un género injustamente olvidado que puede ser recuperado para tratar ciertos temas poéticos como el nacionalismo o incluso el debate acerca de la guerra y la paz. Son asuntos en los que todos los bandos se equivocan y todos tienen la razón en algún sentido, y en los que solo se pueden llegar a aporías y a callejones sin salida.

La idea que yo tenía terminó siendo esta trilogía inspirada por Fedón, Fedro y El banquete, que son los tres diálogos más narrativos y literarios de Platón, trayéndolos al presente y situándolos en Auschwitz, 1942; en Barcelona, 1985; y en París, 1909, con títulos que hacen referencia a mujeres del entorno platónico: Jantipa, que es la esposa de Sócrates, Lasthenia, que es la discípula de Platón y Perictione, que es la madre de Platón.

¿Y por qué empezarlos por la muerte?

Fue algo azaroso, pero que no deja de tener luego su justificación y su interés. El orden inicial era el saber, luego la libertad y por último la muerte. Y de hecho, así fue como hice el primer borrador. Pero luego me di cuenta de que empezar por la muerte también tiene su resonancia histórica, pues la filosofía nace con su propia muerte en una sentencia de Anaximandro, cuando se dice que las cosas tienen su fin allí donde tienen su origen según el orden de la justicia y el tiempo.

En el caso de Jantipa o del morir, las protagonistas son pensadoras y escritoras que estuvieron en Auschwitz. La historia ha silenciado o relegado la experiencia de las mujeres en los campos de concentración, ¿qué descubrió al leerlas?

Pues varía muchísimo. Las diferencias entre las mujeres son más grandes que las diferencias de las mujeres respecto de los hombres. Edith Stein, la gitana Philomena Franz, la francesa Charlotte Delbo y la checa Heda Margolius tienen un estilo de escritura totalmente distinto. Sus libros, además, se publicaron en décadas distintas. La de Delbo es una escritura muy lírica, muy repetitiva, un poco experimental y donde se mencionan asuntos sexuales que no estaban tan tratados en Primo Levi, en Elie Wiesel o en los clásicos masculinos. Margolius incorpora su crónica de Auschwitz dentro de una visión más general sobre el totalitarismo, también bajo los gobiernos comunistas en la Checoslovaquia de posguerra, y es un texto académico más limpio y elegante. Y, por último, el de Philomena Franz es un un testimonio prácticamente oral publicado en los 90, cuando ya era muy mayor. Cada una tiene sus particularidades y lo que me interesaba precisamente eran esas diferencias.



Ha dicho alguna vez que no se considera feminista. ¿Por qué?

Es una palabra demasiado grande (ríe). No me consideraría feminista igual que no me considero a mí mismo santo. Los santos son los que no se consideran a sí mismos santos. En Cármides, de Platón, Sócrates le pregunta a un joven si se considera prudente. Responde que esa pregunta es una trampa, porque si dice que no, demuestra prudencia y si dice que sí, demuestra imprudencia. No hay forma verbal correcta de salir de esa pregunta. Entonces, ante la pregunta de si un hombre es feminista o no, si dice que sí, se está colgando una medalla, y si dice que no, se la está quitando. Es la paradoja del mentiroso de Epimérides: es refutatorio calificarse uno mismo de feminista.

¿Tampoco cree que sea un acto feminista recuperar a estas figuras históricas?

Yo creo que estamos en un momento, afortunadamente, en el que hacer eso no es feminista. Igual que escribir una novela en catalán no es ser catalanista o escribir un poema en gallego no significa ser galleguista. La experiencia de las mujeres o la literatura sobre mujeres, gracias al avance del feminismo, se ha convertido en un patrimonio común que no requiere de un compromiso ideológico por parte del autor. Lo que no quita que luego la obra sea apropiada por quien quiera y que la lea cada quien según sus coordenadas, sus pensamientos y sus sentimientos.

La política es un subproducto de la cocaína. Pretender que haya una política sosegada es como pretender que haya un chocolate laxante o un café sin cafeína

El libro es un continuo diálogo entre posturas muy diferentes, casi contrarias. Incluso Edith Stein se excita cuando la rebaten. ¿Las tertulias actuales han degradado nuestra capacidad de conversar así, premiando la polémica por encima del debate?

Tampoco te creas, porque en las tertulias también se produce un choque de opiniones casi socrático. Los que van allí supongo que tienen algún tipo de querencia sadomasoquista para ponerse en la picota pública, ser atacados por las redes sociales y mostrarse a sí mismos como unos mártires. No me parece que sea muy distinto. De hecho, es lo que se le echa en cara a Edith Stein, que quiera sacrificarse, no porque con eso haga un bien, sino para quedar bien ella. Porque le gusta más parecer una santa que serlo. Entonces no me parece que las tertulias, ni las televisadas ni las de petit comité entre cuatro poetas borrachos bebiendo absenta sean distintas de lo que yo he retratado aquí.

Decía que el diálogo es un formato que se presta en asuntos como la guerra y la paz, como ocurre justo ahora. ¿La actualidad política deja espacio para analizarla desde la filosofía, o directamente nos atropella?

Yo es que diría que la política es un subproducto de la cocaína. Pretender que haya una política sosegada es como pretender que haya un chocolate laxante o un café sin cafeína. El sueño ideal es el de aquel político que es al mismo tiempo reflexivo e impulsivo, lento pero rápido. Cuando se producen fenómenos inesperados que requieren de la acción del poder Ejecutivo, este está para ejecutar, no para pensar. Los políticos cuanto menos piensen, mejor, porque entonces empezarán a especular. Y esto era más o menos previsible. Todos sabíamos que había una guerra posible entre Ucrania y Rusia y lo que habían dicho cada uno de los partidos españoles, la Unión Europea y Estados Unidos. Sócrates decía que la diferencia entre el filósofo y el sofista es que el sofista dice algo distinto cada vez que le preguntan por lo mismo, mientras que el filósofo siempre dice lo mismo. Hay políticos que no son filósofos, pero que siempre dan las mismas respuestas, tristemente, ante distintas preguntas.

Pero hay situaciones que han venido sobrevenidas, como la de enviar armas a Ucrania. Ahora Unidas Podemos ha reclamado tiempo y diálogo para plantear alternativas y ayudas distintas. ¿Ha echado en falta un análisis más ético de esa acción?

Es que la política y la guerra es el acto más inmoral que puede haber. Pero es que la moralidad y la política, como ya sabía Maquiavelo, son dos órdenes distintos de valoración. Lo que desde el punto de vista ético es una virtud, desde el punto de vista político, es un vicio. Desde un contexto político o militar, se considera que lo más virtuoso es tomar las armas para defender tu patria. Desde el punto de vista ético, es lo más infame e inmoral que pueda haber porque es ir a matar a otra persona. Entonces, la ética, la estética y la política están inevitablemente en conflicto.

Evaluar una guerra desde el punto de vista ético es tan absurdo como evaluar un cuadro desde el punto de vista gastronómico. La guerra es la suspensión total de la ética. Mientras nos paramos a reflexionar, hay gente que está matando y se está muriendo. Van a seguir matándose o muriéndose con independencia de lo que nosotros hagamos. Los que proponen pararse a pensar no es que estén equivocados, es que tienen un alto concepto de la filosofía del pensamiento, de la detención y de la pausa que yo no comparto.

Evaluar una guerra desde el punto de vista ético es tan absurdo como evaluar un cuadro desde el punto de vista gastronómico. La guerra es la suspensión total de la ética

Elisabeth Duval escribió una columna hace poco diciendo que los streamers y youtubers son ideólogos, aunque sea de forma involuntaria. En su espacio virtual para hablar de filosofía, ¿se considera un ideólogo?

El término ideología se acuñó en el siglo XVIII para referirse a la teoría de las ideas. Si llamamos ideólogo también a Platón, porque trataba sobre las ideas, entonces sí. Pero si es alguien que pretende deliberadamente convertirse en el adalid o en el portaestandarte de una posición política o social, pues yo, afortunadamente, renuncié hace mucho tiempo a esa vocación suicida. Me considero un hombre bastante alejado de todos los debates de actualidad. Ya soy un viejo que no tiene redes sociales, me entero de las cosas de oídas y tampoco me importan demasiado. A lo mejor soy un ideólogo precisamente por esa posición. Involuntariamente soy un ideólogo de la despolitización o de un nuevo desencanto, que ya no es el de los Panero sino el de los Castro. Quizá pueda verse así.

Están surgiendo cada vez propuestas más frescas e interesantes para divulgar la filosofía en un momento en el que, curiosamente, están pregonando su desaparición de los currículos educativos. Su trilogía o su canal pueden ser algunos ejemplos. ¿Siente que, a pesar de la buena acogida, este contexto le puede amenazar?

La filosofía tiene unos tres mil años de vida y ha sobrevivido al éxito y al fracaso. Es decir, ha sobrevivido tanto a convertirse en la silla de poderes políticos que la limitaban como herramienta ideológica, como a los que la perseguían como herejía o pensamiento disidente. De hecho la filosofía ha estado mejor cuando ha sido perseguida que cuando ha sido aplaudida. La filosofía se nutre de lo negativo. Entonces no hay ningún problema en que volvamos otra vez a estar en la intemperie, perseguidos y vilipendiados. O a depender de ricachones, que de hecho ya funciona así: la mayor parte de los filósofos que no quieran trabajar en la Academia tendrán que comerse el marrón de hacer consultoría filosófica.

La filosofía ha estado mejor cuando ha sido perseguida que cuando ha sido aplaudida. La filosofía se nutre de lo negativo

En su caso, ¿cree que le han intentado colgar la etiqueta de milenial o youtuber alguna vez para restarle credibilidad o alejarle de la Academia?

Hablar del milenial medio es como hablar de la mujer promedio o del racializado estadístico. Son categorías vaporosas, creadas ad hoc por los periodistas y los sociólogos de salita de estar. Para juzgar algo tienes primero que prejuzgarlo. Es así de sencillo. La mayor parte de los filósofos, los más grandes, son recordados a veces por estupideces, por verdaderas caricaturas de su pensamiento, pero que sirven como puerta de acceso a él. Es decir, para el común de los mortales Platón es lo del amor platónico y la caverna. Punto. Marx es la lucha de clases, Hegel era un nazi, Tomás era un curita y Descartes era uno que pensaba y luego existía.

Yo hace unos años era el filósofo del trap, ahora parece que he ascendido a la categoría del filósofo milenial y pasado mañana igual me convierten en el filósofo neoplatónico. O a raíz de esta entrevista paso a convertirme en la categoría que tú me adjudiques. Tú eres la hacedora, tú eres mi creadora, yo no existo. Yo soy una invención de tu gremio, que decidís abreviar la realidad. Es un invento periodístico y vosotros diréis si la intención es jocosa, elogiadora o infantilizadora.

Entonces, la etiqueta no es tan importante como de qué se acompañe. La de milenial puede ser una forma de reunir a una generación precaria. Ha dicho que ha gastado 2.000 euros en libros de bibliografía para el siguiente tomo de la trilogía. ¿Es precario ser una persona joven que escribe y publica?

Sí, todo esto es precario. Yo cumplí 18 años justo con la caída de Lehman Brothers y además en el mismo mes, y todo lo que he vivido en mi época adulta ha sido crisis, decadencia, guerra, esperanzas frustradas o sueños cercenados. Para mí la única realidad que existe ahora mismo es una tormenta de arena sobre Madrid y ya no me parece algo anómalo.

Tengo una biblioteca que consta de 5.000 libros físicos y 15.000 PDF. Yo no me he descargado ni un solo artículo académico por la vía de la universidad porque hay que hacer más papeleo que en una novela de Kafka. En realidad son 8.000 euros en libros lo que he invertido para escribir uno. También es una visión de la escritura o de la documentación distinta de la que tendrán otros. Pero vamos, los libros se alimentan de otros libros. Uno es lo que come y uno escribe en base a lo que lee.



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