Saturday, February 24

“Hay gente muy católica que se lleva el dinero a Suiza y se pasa los mandamientos por el arco del triunfo”


Miguel Rellán (Marruecos, 1943) descuelga el teléfono con una energía arrolladora. Una energía que da explicación al ritmo laboral que lleva: “Se dice que para que un actor falte al trabajo tiene que llevar en mano el certificado de defunción. Yo he visto salir al escenario a actores que acaban de perder a un familiar o con una pierna rota”, comenta con orgullo sobre su gremio. Un orgullo que lleva más allá de los sacrificios que hace por el “oficio más bonito del mundo”, y que traslada a ‘Los asquerosos’, la adaptación teatral del libro de Santiago Lorenzo que últimamente le está robando, o regalando, según se mire, el tiempo. Precisamente, con ella estará el sábado en el Teatro Municipal Concha Espina de Torrelavega, dentro de su clásico Festival de Invierno, y junto a Secun de la Rosa hará reflexionar y reír a un público que saldrá de allí con esa sensación que, como explica el actor, solo se puede conseguir en el directo. Y es que, aunque a este casi médico le cueste expresarlo, el teatro es su ojito derecho dentro del “maravilloso” mundo de la interpretación del que, por cierto, no se plantea jubilarse, por si quedaban dudas.

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En ‘Los asquerosos’ se reflexiona sobre el ruido con el que convivimos, que está por todas partes. ¿Cuál es el ruido que más le molesta a Miguel Rellán?

Se critica a una gran parte de esta sociedad que es estúpida, banal, superficial, va deprisa a todas partes y es ruidosa. Pero, yo por ejemplo, que soy un loco de la música, me paso la vida en los restaurantes pidiendo que se baje la música o se quite porque parece que hay terror al silencio. Hay música en todas partes, en los supermercados, los ascensores… Se identifica el silencio con el aburrimiento, con el muermo, y no entiendo por qué. Bueno sí, quizá es para aturdirnos, para no pensar… En ‘Los asquerosos’ se ve a esa parte de la sociedad que lo invade todo porque imponen sus normas, y a las pruebas me remito. Estos días me he escandalizado un poco, aunque ya no me escandalizo de nada, con la importancia que se le está dando a quién nos va a representar en Eurovisión… Y ha llegado hasta el Congreso. ¿Qué nos pasa? ¿Qué ha pasado con Afganistán? ¿Ya no cuenta? Y vamos con mucha prisa porque no hay tiempo para nada, ya hasta los informativos se dan deprisa y corriendo. ¿Pero dónde vamos? Si nos vamos a morir…

Quizá por esta rapidez a la que mucha gente no se termina de adaptar han comenzado a surgir muchos problemas de salud mental…

Claro. Mi madre era muy lista, se murió con 99 años hace un año y pico, y es una pena porque ya que no me ha dejado dinero me podía haber dejado neuronas… Ella me repetía con frecuencia una frase atribuida a Winston Churchill que era que el dinero no cambia a las personas, las descubre. Y eso, aplicado al ruido y a la salud mental ha ocurrido con la pandemia, ya que se ha descubierto esa incapacidad de estar sola de mucha gente. Y una cosa es la soledad impuesta de esa pobre gente que se muere y no los descubren hasta tres años después, y otra cosa es que te estés quietecito en tu casa un rato, que pienses, y que no necesites el aturdimiento de estar siempre con ruido.

¿Usted sería capaz de irse, como Manuel, el protagonista de la obra, a un pueblo deshabitado? ¿O le gusta más la acción de la ciudad?

Pues lo siento pero soy urbanita y me voy a un pueblo pequeño y me muero de aburrimiento al tercer día. Necesito la ciudad pero porque necesito ir a los teatros, al Museo del Prado, a la ópera… Necesito la vida de una gran ciudad. Reconozco que es una incapacidad mía como otra cualquiera, pero tengo amigos que viven en el campo que prácticamente están aislados con su familia, que están muy en contacto con la naturaleza y les admiro porque soy absolutamente incapaz. También trabajo mucho, de hecho hay amigos que bromean sobre que puedo estar en dos sitios a la vez. Pero vamos, que no distingo un ciprés de un geranio y voy al campo y me siento en el hormiguero siempre. Sería incapaz. 

¿El teatro es el lugar donde se siente más cómodo?

No es que me sienta más cómodo, porque el teatro es muchísimo más duro que el cine o la televisión por razones obvias: en cine o en televisión puedes estar muerto de sueño o con resaca porque puedes repetirlo 40 veces. En teatro no puedes salir a decir: ustedes disculpen que tengo que salir otra vez. Pero la parte fundamental por la que actores como yo preferimos el teatro es que el cine y la televisión es el arte del director. En el cine, el trabajo del actor lo terminan en el montaje. Vas a ver la película y te das cuenta de que no se te ve en un plano que tú creías que sí porque el director es el que manipula. Pero en el teatro no, yo soy el responsable. Además, el cine es mentira, y el teatro también, pero cuando yo lloro en el teatro, me pongo a llorar de verdad y tú tienes a un ser humano a diez metros llorando de verdad y con eso no hay quien pueda. Y por eso el teatro es el arte del futuro y por eso las comedias no morirán nunca. Aunque tengamos música por todas partes, seguimos queriendo ir a ver conciertos en directo. Por cierto, ¿me permite una crítica?

Claro.

Verá, uno de los ejemplos que mejor ilustra que la sociedad no se para es lo que está pasando con el lenguaje. ¿Nadie va a parar esa estupidez supina de decir ‘cita previa’? ¿Hay alguna cita que no sea previa? Tiene mucha gracia porque yo lo digo con gente de mi cuerda, que son escritores, y me dicen que tengo razón, ¿pero es que tengo que venir yo que soy el último mono de la compañía para que os deis cuenta? También me molesta lo de ‘catástrofe humanitaria’. O es catástrofe o es humanitario, porque bueno y malo no puede ser y humanitario es que favorece a la humanidad… Y está también lo de “Pablo Casado se ha llevado una sorpresa inesperada”. Pues naturalmente, ¡imbécil! Las sorpresas siempre son inesperadas. Parece que nadie se para a pensar, que no hay un redactor jefe que coja el teléfono y le diga al presentador de turno que no lo vuelva a decir. Pero es que el espectador tampoco se para a pensarlo…

¡Qué analítico es!

No, es que tengo cara de idiota pero no lo soy. Y además soy lector y me dedico a algo en lo que transmito a través del lenguaje, así que lo escucho y se me ponen los pelos de punta.

Me fastidia mucho esa gente que dice que lleva 50 años pensando lo mismo, porque me dan ganas de decirle: pues es usted un imbécil, y ya es hora de que cambie de idea

¿Cómo pasa uno de querer ser médico a querer ser actor?

Fue una especie de evolución. Cuando empecé medicina a la vez empecé a hacer teatro y poco a poco fui dejando la medicina y dedicándome más al teatro. La medicina me gustaba, mi padre era médico y desde pequeño le he acompañado al hospital. Él era director del hospital civil de Tetuán, en Marruecos, y yo cuando empecé la universidad sabía mucho de medicina, de hecho, sabía más que todos mis compañeros porque yo había estado ya en el hospital, así que estaba clarísimo que iba ser médico. Lo que pasa es que llegué a la universidad y la universidad de ahora no es como la de entonces, era un foco social, cultural, de movimiento político… Era la época de Franco y ahí pasé a ser un adulto, empecé a pensar y pasaron cosas. Y por otra parte, pues normal porque todos tenemos derecho a cambiar de opinión. Me fastidia mucho esa gente que dice que lleva 50 años pensando lo mismo, porque me dan ganas de decirle: pues es usted un imbécil, y ya es hora de que cambie de idea.

¿El coronavirus le ha cambiado?

A mí particularmente no, y eso que estuve 24 días ingresado en el hospital cuando lo pasé. Y al principio, los dos primeros días estuve a punto de irme al otro barrio, y era la primera vez que me ponía enfermo de verdad. Las que me sacaron adelante eran dos doctoras jóvenes y se sorprendieron de mi recuperación. Me decían que no tenía 20 años y que tenía una neumonía bilateral de caballo, que me estaba recuperando muy rápido. Y ahí salió el orgullo gremial porque hay una cosa que se dice que es que para que un actor falte al trabajo, me refiero al teatro y a los veteranos, tiene que llevar en mano el certificado de defunción. Y digo lo de veterano porque los de ahora son más flojillos… Pero yo he visto salir al escenario a actores que acaban de perder a un familiar o con una pierna rota, y no se para la representación. Y sobre la pregunta, hay gente que me dice si ha significado algún cambio haber vivido eso, pero no, hace tiempo que sé que me voy a morir tarde o temprano, y que más o menos estoy entrando en la edad de irme al otro barrio. Pero vamos, que prefiero no morirme porque tengo ganas de seguir haciendo cosas. Aunque sé que me moriré y la gente dirá que qué pena que se ha muerto Miguel. Y al poco tiempo, como decía Juan Ramón Jiménez: “Yo me moriré y los pajarillos seguirán cantando”. Se ha muerto mucha gente y no pasa nada, así que ya está.

Creo que no hay ninguna dictadura de izquierdas porque desde el momento en el que te ordenan hacer algo con una pistola en la mano ya no es izquierda, es otra cosa

Se declara abiertamente de izquierdas. ¿Siente que teniendo altavoz es importante posicionarse?

A ver, no voy por ahí pregonando con la bandera ni tampoco creo que haya dicho claramente que soy de izquierdas, pero sí que se deduce. Aunque sí que pienso que los que tenemos un altavoz tenemos una responsabilidad y debemos ejercerla. Entre otras cosas, porque a mí de vez en cuando me ponen un micrófono, y hay mucha gente que nunca tiene la oportunidad de quejarse ni de denunciar nada porque no le hacen caso. Mira, la gente cercana me dice que soy de izquierdas y que, por tanto, estoy de acuerdo con Stalin. Y es como si digo que si tú eres católico estás de acuerdo con la pederastia. Yo recuerdo con pavor cuando era pequeño, que mi abuelo un día me dijo que me iba a hacer unas preguntas y después de hacérmelas me dijo que era un hombre de izquierdas. Y claro, en la época de Franco ser de izquierdas era horrible, así que me armé un cacao mental porque yo quería ser bueno y justo, pero ser de izquierdas era malo. Yo soy de izquierdas porque creo algunas cosas que resulta que son de izquierdas. Pero, sobre todo, creo que ningún ser humano está obligado a hacer a otro algo que no quiere a la fuerza… Creo que no hay ninguna dictadura de izquierdas porque desde el momento en el que te ordenan hacer algo con una pistola en la mano ya no es izquierda, es otra cosa.

Con la incursión de Vox en el tablero político español, ¿su profesión puede salir perjudicada o es catastrofista pensarlo?

No, no. No es catastrofista ni muchísimo menos. Ya pasó con el PP, de hecho. Cuando hubo la guerra de Irak, los actores nos opusimos clarísimamente, aunque se opuso media humanidad, realmente, y Montoro a la sazón, que era el ministro de Hacienda, dijo que lo íbamos a pagar. Y lo pagamos. De entrada, subió el IVA del teatro del 7 al 21%. Desde entonces hay dos sambenitos: uno que no vocalizamos y otro que vivimos de las subvenciones. Mira, un ejemplo que me pasó antes de la pandemia: estaba haciendo una función con Julia Gutiérrez Caba en Palencia, fui a una cafetería a tomar un té y cuando fui a pagar la camarera me pidió 4 euros, y yo dije: “hala”. Pues justo tenía al lado a dos policías nacionales y cuando me escucharon me dijeron: venga, señor Rellán, no proteste usted, que están forrados con las subvenciones. Preferí no responder porque me moriré con miedo a la Policía, pero me amargaron el día. ¿Quién les ha metido en la cabeza eso de que vivimos de las subvenciones? ¿De dónde ha salido? Hay que tener mala uva.

¿La cultura se subvenciona como otras áreas?

Claro, si es que está subvencionado todo. El otro día me di cuenta de que estaba subvencionado con no sé cuánto dinero una asociación de caza con arco. Me parece una bestialidad que al pobre animal le claven una flecha y se vaya por ahí con ello clavado… Pero la cuestión es que no vivimos de las subvenciones, que nos paga la productora. Todo esto viene de una campaña bien orquestada, primero por el PP y después por Vox, para denigrar en lo posible al mundo de la cultura. Y, ¿por qué? Porque la inmensa mayoría del mundo de la cultura es de izquierdas por razones obvias: hace falta tener una mentalidad abierta para dedicarse a esto. Pero es que los de Vox dicen que el cine español es un chiringuito de progres, y que lo que tenemos que hacer son películas sobre héroes españoles. Héroes como Blas de Lezo… Estamos perdidos. La culpa del auge Vox la tienen los otros: el PP y la izquierda, que está haciendo el idiota. Y entre todos están aupando a Vox y ya verás el susto que nos van a dar.

¿Y cómo ve a este Gobierno? ¿Tiene los días contados?

Pues no tengo la bola de cristal, pero yo creo que sí.

‘Los asquerosos’ comienza con el incidente de Manuel con un policía, un asunto muy en boga en este momento porque se han visto involucrados algunos políticos, aunque por casos menos crudos que el del protagonista. ¿Qué opina usted de la Ley Mordaza?

La Policía es necesaria para defendernos de los malos, pero la Policía no tiene patente de corso para hacer lo que le dé la gana, y si a mí me impiden grabar alguna injusticia de la Policía es que quizá están haciendo algo sospechoso por lo que no quieren que les veamos. La Policía debe actuar con una limpieza absoluta porque tiene una pistola y la tienen que utilizar para lo que la tienen que utilizar.


¿Y por qué el miedo a la Policía que comentaba antes?

Por el franquismo. Lo tengo metido en el ADN desde que soy pequeñito.

Y cambiando radicalmente de tema, ¿qué hay de la espiritualidad en su vida?

No tengo muy claro qué es la espiritualidad, pero sí que diría que soy espiritual. Me encanta la música clásica y me emociona, pero soy ateo, aunque voy a ir al cielo a la fila uno. Y suena a la madre Teresa de Calcuta, pero no se conoce de nadie que se dedique a los demás que no sea absolutamente feliz. Eso es muy espiritual, ¿no? Hay gente que es católica, apostólica y romana y tiene de espiritual lo que yo de folclórica. Lo espiritual no es ir a misa. Yo no conozco a nadie que sea católico de verdad, están todos apuntados, que es distinto. Católicas las monjas de los pobres que estaban con mis padres en Marruecos, esas sí que tendrían que ir al cielo. Siempre sin horarios, con una sonrisa, remangadas haciendo cosas que no haría ningún ser humano por amor a Dios. Sin embargo, hay gente muy católica que se lleva el dinero a Suiza y se pasa los mandamientos por el arco del triunfo.

¿Aspira a jubilarse?

No. Si te dedicas a algo creativo como la actuación no te jubilas… ¿Se jubilan los escritores? ¿Los músicos? Bueno, los cantantes por razones obvias. Por ejemplo, Plácido Domingo tenía que haberse jubilado ya, pero, ¿por qué se va a retirar un director de orquesta? Que además son muy longevos. Y yo tengo un oficio, el mejor del mundo, en el que me aplauden hasta cuando no me lo merezco. Otra cosa es que te retire la salud, pero eso también te puede retirar con 40 años. Charles Chaplin decía que en esta vida solo daba tiempo a ser amateur, y cuando te crees que empiezas a tocar el violonchelo te das cuenta de que tienes 97 años. La mejor representación es la siguiente… Y es lo bonito de esto.



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