Monday, October 25

Jordi Évole: “La trastienda del poder siempre me ha parecido apasionante”


Entrevistar a Jordi Évole (Cornellà de Llobregat, 1974) es salir a perder y no solo porque para muchos es el mejor comunicador de España (Pablo Iglesias dixit) sino porque cuando es él quien dispara el penalti detrás hay un equipo que lleva meses trabajando un cuestionario y ensayando las preguntas y repreguntas. Es un periodista que firma nóminas, aunque le cuesta definirse como empresario, y alguien a quien una entrevista, la de Pau Donés, le cambió la vida. 

Para prepararse el encuentro con el Papa estuvo varios días encerrado en la habitación de un hotel que daba a la plaza de San Pedro de la que solo salía para comer. Y no se arrepiente de la que le hizo a Miguel Bosé, al que invita a volver a quedar para ver si es posible recuperar la amistad perdida. “Entrevistar a un amigo es una putada”, resume. Y no se refiere solo a la de Bosé.

El periodista catalán ha aprendido a estar por encima de las broncas en Twitter y, tras superar la etapa en que pensaba que el mundo estaba contra él, ha llegado un momento en que incluso se lo pasa bien: “Cuando estás entre trincheras es más fácil que te caigan las hostias pero también es más divertido”.

Este domingo regresa con una entrega especial de ‘Lo de Évole’ en la que el exdirector del gabinete del presidente Pedro Sánchez, Iván Redondo, habla de su etapa en La Moncloa tras su destitución el pasado mes de julio. Habla y parece que sobre todo calla. 

¿Costó convencer a Iván Redondo para que se dejase entrevistar?

Sí, porque se la había pedido cuando estaba de jefe de gabinete de Pedro Sánchez y me contestó que en esa etapa nunca me la daría. Pero sí me dijo que cuando ya estuviese fuera la haríamos. Le llamé tres semanas antes por otro tema y la conversación acabó con la pregunta: ‘¿Vas a acabar la legislatura? Te lo digo por lo de la entrevista’. Y él me respondió: ‘En principio sí, pero nunca se sabe’.

¿O sea que para él también fue una sorpresa su destitución?

Por la información que a mí me dio ese día, eso parecería. Pero no tenía por qué decirme algo. De hecho se lo pregunté y me negó que él en esa fecha no supiese nada.

¿Le pareció tan conspirador como algunos lo pintaban cuando estaba en el Gobierno o puede que más bien fuese una leyenda?

Nos gustan las leyendas y a los periodistas particularmente nos encantan. Mola imaginarse a un personaje conspirador moviendo los hilos por detrás. Cuando después haces el plano corto de las cosas a veces no es para tanto. Evidentemente yo fui a pedirle la entrevista por la leyenda, quería saber qué había de leyenda.

¿Y hay mucho de leyenda?

Pues te voy a dejar que saques tú las conclusiones cuando la veas. No te sé decir. La trastienda del poder siempre me ha parecido apasionante y en esta época en la que estamos muy serializados, aquí tienes la realidad. Es un tipo al que también le encanta la ficción pero que vive la realidad. A mí eso me atraía un montón. 

¿De la conversación, qué es lo que más le llamó la atención?

Algún silencio.

¿Sorprendió más por lo que calla que por lo que cuenta?

Sí, porque el cuestionario era muy directo. Cada vez me gusta menos adornarme con las preguntas, intento huir de eso. Y en esta entrevista, ante preguntas sobre algún hecho muy, muy concreto, puso cara de sorpresa, optó por el silencio o por evitar dar una respuesta.  

Una vez un jefe me dijo que de las entrevistas a los políticos ya solo le interesaban las preguntas porque las respuestas acostumbraban a ser muy previsibles.

Esta es una entrevista que interesa mucho a políticos y periodistas y yo no hago el programa para periodistas y políticos. Intento que lo vea cuanta más gente mejor. Si esta acaba siendo una entrevista para el gremio y la clase política, habrá sido un fracaso.    

¿Cómo surgió la idea de la promoción con Pablo Iglesias y ese homenaje a ‘El gran Lebowsky’?

La idea sale de una reunión de guion en la que una compañera, Silvia, al decir que tengo a Iván Redondo, contesta rápidamente que la ‘promo’ la tendría que hacer Pablo Iglesias. Le dije: ‘bueno, le llamo y se lo pregunto’. No teníamos aún claro dónde, ni cómo ni con qué guion. Salió una idea lanzada al vuelo y que fue decirle si la podíamos hacer en una peluquería. Pablo dijo que sí a la ‘promo’ pero que no en una peluquería, que buscase una alternativa. Hablándolo con el equipo, otro compañero comentó lo de grabarla en una bolera, y entonces uno soltó lo del Gran Lebowsky. Ahí ya cuadró todo.

Pablo Iglesias demuestra en la ‘promo’ que tiene grandes dotes de actor.

Sí, muchas. Para la política o tienes dotes de actor o no te vas a comer nada. Mira Ronald Reagan. La política es un espectáculo y últimamente cada vez más.  

¿Eso es bueno?

Eso es así. Y si no es así nos aburre y no le prestamos atención. Entre todo lo hemos convertido en eso.

¿Y los medios tenemos alguna responsabilidad?

Por supuesto.  

Iglesias esta semana le definió como un genio de la comunicación. Teniendo en cuenta que ha criticado a tantos periodistas y medios, incluso a laSexta, donde se emite el programa, no sé si con ese comentario le hizo mucho favor.

¿Eso dijo? Yo siempre me acojo a la frase de José María García, que decía que el halago debilita. Intento huir de ellos, vengan de donde vengan.

¿Por qué hay tanta gente que acepta que le entreviste?

El nuestro es un lugar donde la gente puede hablar. Te puede gustar más o menos lo que te pregunten pero sabes que tú te vas a poder explicar. Es un programa evidentemente editado pero nadie ha venido a decirnos que hemos cambiado el sentido de sus palabras. El género de la entrevista sigue siendo un muy buen contenido para saber más cosas y no deja de ser atractivo que te entrevisten. A mí me gusta que tú vengas hoy y sé que a lo mejor durante la entrevista a lo mejor meto la pata o me meto en un jardín con algún titular, pero a la vez pienso que es necesario hacerla. Puede haber un punto de vanidad pero la misma que puedo tener yo hoy al salir en elDiario.es. Es así.     

¿Se la ha pedido a Felipe VI?

Sí. Por conductos muy oficiales, que a veces son los más complicados. A menudo las entrevistas acaban cayendo porque personajes colaterales a él, en una comida o una cena le comentan por qué no da la entrevista, le dicen que va a estar bien… El fichaje de Ronaldinho en el Barça provocó que el equipo se llenase de ‘cracks’. El programa, a partir de tener a según qué invitados, ha cogido la suficiente entidad para que digan ‘voy a lo de Évole, a ver qué pasa’. Algunos de los entrevistados son los que han dado entidad al programa. Si han estado desde Nicolás Maduro hasta el Papa, pasando por Aznar, hay una transversalidad que prueba que no tenemos manías a la hora de preguntar. Yo cada vez creo menos en las trincheras, no quiero posicionarme en ninguna de ellas. Cuando estás entre trincheras es más fácil que te caigan las hostias pero también es más divertido. 

¿Si el rey aceptase, cuál sería la primera pregunta?

¿Qué tal la familia?

¿Y a la reina Letizia qué le preguntaría? 

A Letizia le preguntaría si alguna vez se ha planteado si, en caso de que en su matrimonio las cosas no saliesen del todo bien, este podría acabar siendo el mejor reportaje de su vida.

La primera pregunta a Felipe VI sería: ¿qué tal la familia?

Tras la última manifestación en Colón de la derecha, que coincidió con la victoria del candidato sanchista en las primarias del PSOE andaluz, escribió un tuit en el que calificaba a Pedro Sánchez como el Arsène Lupin de la política. ¿Es porque casi siempre logra lo que quiere o porque siempre juega al despiste?  

El tuit tenía varias interpretaciones. En ese momento estaba muy enganchado a la serie de Lupin y me parecía que Sánchez, al que en su carrera hemos situado varias veces en callejones sin salida, hasta ahora siempre ha logrado salir. Fue por eso.

¿Se ha arrepentido de alguna de las entrevistas que ha hecho, alguna en la que al acabar pensase: esta nos la podíamos haber ahorrado?

Me puedo haber frustrado porque no me ha gustado el resultado pero arrepentirme no. Al final tampoco tienes que darle tanta importancia. 

¿Tampoco con la de Miguel Bosé?

No. Y eso que me generó problemas porque uno no quiere enemistarse con ningún amigo. No es que Miguel y yo seamos íntimos pero sí le considero y creo que él también me considera, o me consideraba, un amigo. Perder a un amigo por una entrevista no merece la pena.

¿Lo perdió? 

Espero que no. Me encantaría volver a entrevistar a Miguel Bosé. Es más, le dejaría el programa, de arranque, para que dijese todo lo que me tenga que decir, que se desahogase, porque he visto que lo ha hecho parcialmente con algún otro compañero. Lo haría sin problema. No lo editaría ni dulcificaría. Me defendería, eso sí. Si un reencuentro, en una entrevista o con una copa de vino, sirviese para arreglarlo, estaría encantado.

¿Le afectan las críticas o está ya inmunizado?

Depende de quién critique. Algunas ni las miras ni las lees, aunque yo las leo bastante. No me aíslo. Miro y, si es alguien a quien respeto, me afecta. Piensas: ‘Mira, es verdad”, aunque a veces te indignas porque consideras que es injusto. Cuando hay una crítica a un aspecto concreto de un programa siempre pienso en el equipo que hay detrás. A mí que me caigan los palos que me tengan que caer, pero cuando se refieren a un aspecto del guion, la realización o la producción, me jode por quien hay detrás.  

¿Por qué entrevista a tan pocas mujeres?

No hay justificación. Podría intentar tener un argumento que medio me diese la razón pero no lo tengo. El año pasado se dieron una serie de casualidades que nos llevaron a hacer una temporada exclusivamente con hombres y fue un error. Un error que esta temporada hay que corregir como sea. Que pedimos infinidad de entrevistas a mujeres y fue que no, también te lo digo. Pero no hay que buscar una excusa. Está mal y hay que corregirlo. 

Fue un error no entrevistar a mujeres y esta temporada hay que corregirlo como sea

¿La de Pau Donés ha sido la más difícil?

No. La entrevista en sí fluyó muy bien. Fue clave que nos conociéramos y hubiésemos llorado todo lo que teníamos que llorar. Ha sido la más importante. La entrevista de Pau Donés me ha cambiado la vida.

¿Por qué?

Porque ese día Pau me dio una lección muy bestia. Yo andaba siempre un punto agobiado, era un poco agonías. Cuando te encuentras delante a un tipo al que le quedan 15 días de vida y no te está mostrando ningún tipo de agobio te preguntas por qué tú tienes que estar así.

Ayuda a relativizar.

Muchísimo. Para mí esa entrevista fue un antes y un después.

¿Es más difícil entrevistar a alguien que te cae bien?

Mucho más difícil. Entrevistar a un amigo es una putada. Juan Cruz decía: ‘O me entrevistas o me quieres’. Me parece una definición perfecta porque si quieres a alguien no quieres incomodarle, que revele lo que no quiere revelar. Cuando ves a alguien que aprecias metiéndose en un jardín piensas ‘no te metas porque sabes que lo voy a tener que poner’.

¿Ensaya las entrevistas? Me han contado que se prepara con gente del equipo para poder repreguntar también mejor.

El proceso de preparación es apasionante. Tengo una suerte loca de que haya un equipo para cada entrevista con dos o tres personas destinadas a documentarse y a escribir esa entrevista. No sé si hay mucha gente en este país que se pueda permitir eso. Luego tienes que ejecutarlo tú solo.

¿Pero tiene un ‘sparring’ para prepararlas?

En algunas sí. Tengo ‘sparrings’ muy buenos, compañeros y compañeras que clavan la respuesta del invitado porque los conocen muy bien después de haberse documentado tanto. Recuerdo al compañero Adrià Attardi cuando hicimos el ensayo de Aznar y cómo después, viendo la entrevista, las respuestas reales eran un festival. Me sirvió mucho.

La de Ibai Llanos superó en audiencia a la de Messi. ¿Fue una sorpresa?

Lo de las audiencias siempre tiene algo de azaroso. La de Messi la emitimos en plenas fiestas de Navidad, con mucha gente fuera de casa. Y en cambio la de Ibai fue un mes de febrero, con la gente encerradita y no sé qué película o partido había en otras cadenas. La de Messi hizo una audiencia estratosférica y que Ibai la superase diría que es porque el fenómeno Ibai nos superó a nosotros mismos. Es al revés de la de Iván Redondo. Con la de Ibai había un sector de la población, la gente joven, al que nosotros nos cuesta más llegar, que era quien le conocía y los que convocaron a sus familias en el sofá a ver la entrevista. Eso pasa a veces pero no pasa solo porque en las casas ya cada uno se hace su parrilla. Con Redondo ya es nuestro público habitual, más politizado. No vamos a conseguir que ningún chaval, por politizado que esté, se siente con su padre a ver la entrevista. En cambio sí lograremos que un padre se siente a ver a Ibai, entre otras cosas porque quiere saber qué hace su hijo o hija tantas horas ante el ordenador. 

Viendo esta redacción, ¿es un empresario que sigue haciendo de periodista o un periodista al que le toca ser también empresario?

Nunca me pongo el traje de empresario, no sé si por remilgos. La palabra no va conmigo aunque en realidad sí que lo soy. Tengo una productora, trabajadores y trabajadoras, firmo nóminas… O sea que sí que lo soy pero nunca me ha quitado el sueño. 

¿No se lo quita pensar que hay gente que depende de usted?

No. Nunca me he ido a dormir pensando la que hemos liado siendo tanta gente. Me puede quitar el sueño una pregunta de una entrevista, pero hasta hoy con el tema de la productora no me ha pasado. Supongo que si hubiese ido mal sería distinto.

¿Cuántas veces le han ofrecido hacer un anuncio y ha dicho que no? 

No sé cuantas pero algunas.

¿Algún banco?

Sí.

¿Por qué se ha negado?

No me veía en ese papel y además no quiero representar a alguien y que después se me caiga la cara de vergüenza. Eso te puede pasar en otros aspectos de la vida pero de ahí a ir a buscar el penalti… Los bancos desahucian y pueden tener intereses en negocios que tú denuncias. Pero todo es muy contradictorio porque en mitad de mi programa ponen publicidad de bancos. Yo no la hago aunque está ahí. Me intento blindar en mi código ético no haciéndola yo directamente.

Tiene más de tres millones y medio de seguidores en Twitter. ¿Sabiendo cómo se las gastan muchos en esta red, alguna vez ha pensado en cerrar la cuenta?

No. Al principio lo pasé muy bien, pensé ‘vaya una herramienta que te permite la conexión con el público directamente, te dicen lo que piensan del programa’ y me parecía la bomba. Luego empezó a enmierdarse. En la primera fase del enmierdamiento lo pasé mal. A veces me obsesionaba, pensaba que el mundo me odiaba y que me querían linchar por la calle. Entonces cogía, me iba a darme un paseo por el mercado de San Ildefonso, en Cornellà, y allí de golpe te dabas cuenta de que nadie te comentaba absolutamente nada de Twitter. Y ahora ya ha llegado un punto en que me divierte porque me parece hasta graciosa la indignación de algunos con cosas que hacemos.   

Durante la época álgida del procés recibió por todos lados. ¿Lo pasó mal?

Fue un momento muy concreto y: Manolete, si no quieres torear pa qué te metes. Me podría quejar amargamente y decir ‘ay qué mal lo pasé’ porque sí, en algún momento fue así. Sobre todo porque hubo momentos en los que veías que era como fuego amigo. El procés nos trastocó un poco a todos y aún estamos en fase de recuperación. Y eso que bastante que nos hemos recuperado para tal y como estuvimos. Fue un momento muy delicado.

El procés nos trastocó un poco a todos y aún estamos en fase de recuperación

¿El conflicto catalán tiene solución?

La única solución posible que le veo es la de convivir de la mejor manera posible con él. Durante un tiempo yo no supe convivir con el procés, me tensaba, me crispaba. Haber superado eso me tranquiliza. Yo quiero seguir hablando de política con mis amigos independentistas y no independentistas. No quiero que los silencios ganen a los diálogos por miedo a herirnos sensibilidades. Hubo un momento en que parecía que tenías que tomar partido y que no había manera de escabullirse. Nos complicamos mucho la vida y nos olvidamos de lo bien que vivíamos. 

¿Ahora que le reconoce todo el mundo por la calle, ha dejado de hacer algo que antes hiciese? 

Esto es algo que en algún momento he vivido con más agobio pero tampoco demasiado. No he cambiado muchos hábitos. Durante algún tiempo pensé que nada de esto me iba a afectar y eso no es verdad porque esto te afecta. Por mucho que tú te creas Superman, esto te afecta, porque tu vida cambia, las miradas cambian. Porque a veces cuando la gente se dirige a ti lo hace de otra manera o porque a veces me tratan muy bien en sitios donde a otra gente la tratan muy mal. Tienes que asumirlo y yo intento ponerle mucha agua al vino. Me encantaría que mi vida no me hubiese cambiado en nada, pero no es verdad. 

Me encantaría que mi vida no hubiese cambiado en nada, pero no es verdad

Se ha mostrado radicalmente en contra de la ampliación del aeropuerto de El Prat. Aena dice que se crearían 83.000 puestos de trabajo. ¿No es motivo suficiente?

Hay un componente romántico, de origen, por el hecho de ser de la zona. Yo entiendo que mucha gente no la conozca y les dé igual verla llena de hormigón. Sé que tenemos una necesidad de generar empleo pero no tengo claro que deba ser ese tipo de empleo ni tampoco si serían esas previsiones con esos miles de puestos. No lo sé porque no soy un experto en eso. Yo solo invito a cualquiera a que vaya a uno de los avistamientos que hay en los que se pueden ver las lagunas que quedarían cubiertas de hormigón. Me parece imposible que haya una sola persona que estando allí diga que da igual y que metan el hormigón. 

Pero el presidente de Aena, Maurici Lucena, es de aquí, y la ministra de Transportes, Raquel Sánchez, era alcaldesa de Gavà, o sea que conoce muy bien la zona.

No tengo claro que tengan claro lo que se iría a tomar por el culo con la ampliación. Cuando el señor Lucena vio que me ponía tan cabezón con el tema me llamó y tenemos pendiente vernos. Él me dijo que ya sabía que no me iba a convencer pero que quería que escuchase sus argumentos. Y yo no tengo ningún problema en escuchar los argumentos de nadie.

No podemos acabar sin que se lo pregunte. ¿Cómo lleva el desastre del Barça?

Hoy lo llevo fatal porque he visto a Messi cogiendo el escudo del PSG.

¿Duele?

Muchísimo. Apasionarme por un deporte de millonarios y que provoca no sé cuántas desigualdades es una de mis tantas contradicciones, pero no puedo evitarlo. Me evade y además creo que el fútbol se inventó para poder tener algo de que hablar con tus hijos, sobre todo si son adolescentes, y ahora mismo es un nexo de conexión con mi hijo Diego.

¿Él cómo lo lleva?

Él, sin haber vivido los años chungos del barcelonismo, está ya muy adaptado. Que todo pase por un chaval tan joven como Ansu Fati me parece increíble y por otro lado me da miedo por él, porque tiene que tener la sangre muy fría y saber exactamente dónde está para que la presión no se lo acabe comiendo.



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