Saturday, August 13

Lo que esconde la publicación de animales silvestres disfrazados


El domador de caballos Santi Serra Camps subió recientemente a Instagram un vídeo que causó profunda indignación entre muchísimas personas y entidades de protección animal, pero también aplausos, risas y admiración de sus miles de seguidores y seguidoras. Este hecho sirve para abrir un amplio debate sobre el uso de animales para el entretenimiento humano. En este artículo pretendo arrojar un poco de luz (sin llegar a abarcar cada tema en profundidad) sobre diferentes cuestiones, todas ellas conectadas entre sí: el uso de animales silvestres como animales de compañía y su exhibición en redes sociales, la legalidad y la ética de esta utilización, los espectáculos con animales y, por último, su uso en medios audiovisuales. Comencemos.

En la publicación de Santi Serra Camps se le podía observar sentado como copiloto en un coche de golf conducido por un orangután, estando otro situado en la parte del capó y uno más en el techo del vehículo, además de otras tres humanos ocupando la parte de atrás. En este vídeo de 24 segundos de duración, el domador graba el trayecto mientras se ríe y dice que están en Dubai, que han alquilado un coche y que tienen un nuevo piloto que les llevará a un sitio donde “se come banana buenísima”, mientras los demás acompañantes también ríen. Los tres orangutanes van vestidos con atuendo humano, el que conduce muestra una clara obesidad y los que se encuentran en las otras posiciones corren riesgo de sufrir un accidente. Además, en la publicación figuraban los perfiles de tres personas (@alk7aileh_ almaktoum @rbj @latifaalmaktoum) a las que Serra agradece que les abra las puertas de su casa y cuiden a estos animales. En estas tres cuentas de la red social, abiertas al público, se pueden ver muchos otros vídeos similares; destacan los de tigres y otros felinos siendo sacados de sus jaulas y paseados con cadenas por la calle y por las playas, y de un orangután conduciendo un cochecito de golf, vestido de humano y con su cría en brazos. La cuenta original ha sido borrada, tras haber bloqueado primero los comentarios.


La Fundación Mona, compartió el vídeo poco después mostrando su preocupación y su clara oposición al uso de primates como “mascotas”, insistiendo en que ello fomenta el tráfico de especies y es contrario al bienestar de los animales. Lo mismo hicieron otros centros de rescate y recuperación de primates, como AAP PrimadomusCentro Rainfer. Muchas personas comenzamos a denunciar la publicación y a escribir comentarios negativos sobre la misma, siendo borrados y bloqueadas nuestras cuentas casi al instante. En menos de un día se eliminó la opción de realizar comentarios al vídeo.

Pese a la respuesta general de indignación de aquellas personas y entidades defensoras de los derechos de los animales, resultaban preocupantes otros muchos comentarios a favor de este tipo de contenidos en redes sociales. Ver a animales silvestres comportándose como humanos todavía genera la diversión y aprobación de muchas y muchos, probablemente desconocedores de la realidad que existe tras ellos, y por eso es muy negativo que personas con cierta influencia difundan contenidos tan inapropiados y perjudiciales.

El maltrato detrás de este tipo de vídeos y fotografías en las que aparentemente los animales no sufren puede no ser tan sencillo de apreciar para quien no está familiarizado con el ámbito de la protección animal. ¿Por qué no está bien que un orangután vaya disfrazado y conduzca un vehículo, o pasear a un tigre con una cadena cuando no parece que muestren signos de tristeza o malestar? ¿Qué maltrato puede implicar abrazar y acariciar a una cría de león o a otro animal silvestre?

¿Qué se esconde detrás del “mascotismo” de animales silvestres?

El uso de animales silvestres como animales de compañía, comúnmente denominado “mascotismo”, es una de las principales causas del tráfico de animales, que es el tercer negocio ilícito más dañino y rentable del mundo. De hecho, los primates son el segundo grupo de especies más traficadas dentro de los mamíferos, lo que está relacionado con su uso y venta como “mascotas”. Actualmente un 60% de las especies de primates se encuentra en riesgo de extinguirse, y un 75 % están gravemente amenazadas.

Para que los animales silvestres realicen comportamientos antinaturales, y solo propios del ser humano, han tenido que ser capturados y separados de sus madres y de sus familias (a quienes suelen matar mientras intentan defenderlos) cuando son todavía crías, algo que los traumatiza y les causa estrés de por vida. Asimismo, hasta que llegan a su destino, muchas crías mueren durante el trayecto, ya sea por inanición, por ser transportadas en jaulas u otros espacios que incluso les impiden respirar adecuadamente, por enfermedades, por estrés o por la falta del calor que les proporcionan sus madres a edades tan tempranas. Los animales que consiguen llegar al lugar de quienes los adquirieron comienzan a ser entrenados y habituados a repetir comportamientos humanos o propios de animales de familia.

Al convertirse en adultos, muchos animales empiezan a desarrollar actitudes agresivas, al estar privados de su entorno, por lo que suelen ser enjaulados de por vida. Ese fue el caso de Víctor, un chimpancé que a los pocos meses de nacer fue capturado por cazadores furtivos, separado de su madre y vendido para ser utilizado como animal de compañía. Cuando Víctor se volvió incontrolable lo encadenaron de forma permanente. Afortunadamente, aunque tras muchísimos años de sufrimiento, fue rescatado y vive ahora en la Fundación Mona. Pero Víctor, como la inmensa mayoría de animales mantenidos en cautividad durante mucho tiempo, nunca podrá ser devuelto a la naturaleza, pues no conseguiría sobrevivir.

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Como indican las y los expertos en la materia, los animales silvestres, que viven en bosques, pastizales, lagunas o ríos, están adaptados a esos hábitats y acostumbrados a alimentarse de una determinada manera, según sus hábitos y las particularidades de la especie a la que pertenezcan. Al arrancarlos de su ambiente y criarlos como animales de familia, por más esfuerzo que en algunas ocasiones pueda llegar a realizarse, presentarán deficiencias alimentarias, problemas de crecimiento, cambios de comportamiento y estrés. El cautiverio y la humanización generan consecuencias nefastas en el estado físico y emocional de estos animales, como miedo, ansiedad y dificultades de aprendizaje y del desarrollo cognitivo. Como bien afirma Pedro Pozas, director ejecutivo de Proyecto Gran Simio, en el artículo La crueldad neuronal en la cautividad de seres sintientes, “la cautividad ejerce una cruel presión neuronal en estos animales (…) Respecto a los grandes simios, no solo necesitan entretenimiento, sino poder interactuar subiendo a los árboles, buscando comida y haciendo sus nidos nocturnos, patrullando su territorio y en contacto permanente con su familia, con su cultura, solucionando problemas y jerarquías, buscando nuevos territorios de asentamiento, como lo hacían los humanos prehistóricos”.

En el caso concreto de los chimpancés (Pan troglodytes), una reciente investigación ha concluido que existen nueve categorías principales de diagnóstico de trastornos mentales en ellos muy parecidas a las de los seres humanos. Por todo ello, quienes de verdad se dedican a rescatar y rehabilitar a animales silvestres intentan mantener el menor contacto posible con ellos (salvo aquellas ocasiones en las que resulte necesario y adecuado), facilitándoles la posibilidad de que vuelvan a desarrollar sus comportamientos naturales y ser lo más libres y autónomos que resulte posible.

Por otra parte, las actividades descritas tienen un impacto en la seguridad de las personas en caso de accidentes (reacciones violentas, escapes de animales, seguridad vial, etc).

Los y las especialistas y los organismos internacionales alertan asimismo sobre el vínculo entre el comercio de animales silvestres (legal o ilegal) y la propagación de enfermedades zoonóticas. Por supuesto, el riesgo de importación de enfermedades no desaparece o se disipa cuando el comercio de fauna silvestre va destinado a alimentar la demanda de animales exóticos de compañía (legal o ilegal), y así se hace notar en el número de marzo de 2020 de la revista de la British Veterinary Association.  A su vez, ​​el aumento de enfermedades zoonóticas está relacionado con la pérdida de biodiversidad, como se desprende, entre otros, del informe  del IPBES (Intergovernmental Science-Policy Platform on Biodiversity and Ecosystem Services): “Biodiversity and Pandemics“. 

¿Es legal tener animales silvestres como animales de compañía?

Depende de la especie, de cómo se adquiera y de las condiciones en las que se mantenga. A nivel internacional, el comercio de animales silvestres se rige por la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas de Fauna y Flora Silvestres (CITES). Esta Convención divide a las especies en tres apéndices diferentes. El Apéndice I incluye a todas las especies en peligro de extinción, cuya cría y comercio está prohibido salvo algunas excepciones, como la importación de los mismos para fines científicos, para exhibiciones no lucrativas o programas de cría en cautividad bona-fide, entre otras. Por ejemplo, los orangutanes (Pongo spp.) se encuentran incluidos en el Apéndice I, al igual que los tigres (Panthera tigris). En el Apéndice II se incluyen especies que no se encuentran necesariamente en peligro de extinción, pero que se entiende que su comercio debe controlarse a fin de evitar una utilización incompatible con su supervivencia. Si un criador comercial de una especie del Apéndice I de la CITES cumple ciertas condiciones y está registrado ante la Secretaría CITES, los especímenes de dicho establecimiento pueden considerarse como especies del Apéndice II, lo que significa que sí pueden comercializarse. CITES lo deja claro en su sección de preguntas frecuentes: “Si los animales no fueron criados con fines comerciales, pueden comercializarse sencillamente con un certificado de cría en cautividad”.

El trabajo de la abogada Anna Mulà, titulado La protección de los animales en la Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres, analiza en detalle en qué medida CITES toma en consideración la protección de los animales considerados individualmente como seres sintientes, examinando situaciones inaceptables, así como conflictivas, y formulando recomendaciones para conseguir una protección real de los animales en este contexto.

Es habitual que muchas personas dedicadas a la cría y al comercio de animales consigan obtener los permisos de forma relativamente sencilla y continuar criando y vendiendo animales. Además, gran parte del tráfico ilegal de animales se acaba revirtiendo en vías de comercio autorizadas mediante procesos de blanqueo, ya que se comercia y trafica con las mismas especies. Se ha detectado que algunos centros de cría autorizados en los países de origen actúan como lugares en los que blanquear y obtener certificados CITES para individuos capturados de las poblaciones silvestres. Existen también algunos vacíos legales y lagunas administrativas que hacen que resulte más fácil obtener los permisos necesarios para comercializar animales.

Por otro lado, muchos animales silvestres no están incluidos en CITES, puesto que no se encuentran en peligro de extinción ni amenazados, ni tampoco pertenecen al catálogo de especies invasoras, por lo que su comercialización es legal.

Es importante, además, tener en cuenta que, no obstante CITES regula las transacciones internacionales de animales, si las especies se crían y mantienen dentro de las fronteras de un país, habrá que estar a lo dispuesto en la normativa propia del mismo.

Emiratos Árabes, cuna de animales silvestres utilizados como “mascotas”

El vídeo de Santi Serra fue grabado en Dubai (Emiratos Árabes Unidos) y esto no es coincidencia. Los animales silvestres son considerados un signo de estatus y poder especialmente en ese país, lo que hace que sea muy común que las clases altas los mantengan como animales de compañía en sus fincas privadas. Es habitual ver en redes sociales y otros medios de comunicación a influencers paseando a tigres u otros felinos por las calles, o asomando la cabeza por la ventanilla de sus  coches de lujo. Incluso el príncipe de la corona de Dubai y de los Emiratos Árabes Unidos, Hamdan bin Mohammed Al Maktoum, publica habitualmente fotos y vídeos con múltiples especies de animales silvestres.

Pese a que en los últimos años se han probado nuevas regulaciones para la tenencia de animales silvestres en residencias particulares, en circos, en zoológicos y en centros de cría, siguen siendo totalmente insuficientes y no existe un control efectivo de las mismas. 

Santi Serra Camps y la estética del dominio de animales

Con una rápida búsqueda, podemos averiguar que Santi Serra Camps es un domador de caballos a los que utiliza para realizar espectáculos con la compañía Sercam Shows, de la que es propietario junto con su hermano. Como él mismo afirma en la presentación de su web, en 2005, aprovechando la manada de caballos árabes que tenía su familia en casa para la cría, se puso a estudiar su comportamiento a fondo y en 2007 debutó en su primer show.

Es importante tener en cuenta que los circos con animales silvestres están actualmente prohibidos en muchas comunidades autónomas, y todo apunta a que pronto lo estarán a nivel estatal. Pero, ¿qué sucede con el uso recreativo de los animales que no pertenecen a la fauna silvestre? Estos quedan, en general, fuera del ámbito de aplicación de estas reformas legales, y por tanto se legitima el uso de équidos en espectáculos como los de Santi Serra. Como bien afirma la doctora en filosofía Marta Tafalla, en la comparecencia ante el Parlament de Catalunya con motivo de la propuesta de Ley para prohibir los circos con animales: “Los espectáculos circenses se basan en una estética del dominio: el ser humano, mediante la figura del domador, demuestra su dominio sobre los animales porque consigue borrar su propia identidad y forzarlos a realizar conductas antinaturales. En esta estética del dominio cobra fuerza la ridiculización del animal“. En otras comparecencias en el Parlament ese mismo motivo se profundiza en la argumentación sobre el uso de animales (no solo silvestres) para el entretenimiento de los seres humanos. En este documento figuran todas las brillantes exposiciones de diferentes personas expertas en cada una de las materias relacionadas con la protección de los animales que se posicionaron en contra de los circos con animales.

Es habitual ver a Serra en programas de ferias taurinas, aprovechando el espacio en las plazas de toros para actuar con sus caballos, mostrando cómo puede ponerse de pie encima de ellos, rodearlos de fuego, hacer que se tumben, se sienten o se arrodillen varios de ellos a la vez, que sus otros animales les salten por encima o que den la pata, entre otras muchas acrobacias. El catalán realiza espectáculos a nivel nacional e internacional y su cuenta de Instagram tiene 93,1k seguidores. Algunas famosas, como la modelo Malena Costa, aficionada a la hípica, han recibido numerosas y sonadas críticas por acudir a sus shows y por utilizar a sus caballos para campañas publicitarias.

Pero Santi no solamente se dedica a la doma del caballo, sino que también alquila animales para rodajes. Equinos, grandes felinos, primates, reptiles, perros, aves, invertebrados…; prácticamente ninguna especie existe que este domador catalán no pueda conseguir para que directores de películas, series, anuncios y demás rodajes cuenten con ellos. Y este es otro debate.

¿Es ético utilizar animales en medios audiovisuales? 

De nuevo nos encontramos ante una situación en la que no hay violencia explícita hacia los animales (o esta no se ve y no se muestra), pero que les provoca un gran sufrimiento. Sea para su uso en circos, para exhibiciones en zoológicos o para rodajes, el fin es el mismo: el entretenimiento del ser humano. Y para lograr ese objetivo, los animales silvestres son capturados en sus hábitats o criados en cautividad y obligados a vivir fuera de su entorno y a realizar comportamientos antinaturales que les causan sufrimiento físico y psíquico de por vida.

En muchas ocasiones los animales que son alquilados a productoras de televisión o agencias de publicidad provienen de circos o actividades similares, donde llevan una vida itinerante y pasan prácticamente toda su vida enjaulados, siendo utilizados solamente para grabar determinadas escenas, a veces hasta que terminan exhaustos.

Además, el hecho de utilizar animales silvestres para producciones audiovisuales fomenta que las y los espectadores quieran adquirir a esos animales. ¿Quién no recuerda, por ejemplo, al mono Marcel de la famosa serie Friends? En esa época todo el mundo quería tener un tití en casa. Incluso a raíz de la película de animación Buscando a Nemo, se aumentó la compraventa del pez payaso (Amphiprion ocellaris), y también su exhibición por parte de acuarios, como el Zoo Aquarium de Madrid, pese a que en la película se pretendía dar el mensaje contrario.

Muchas son las películas, series, anuncios, videoclips o programas de televisión en los que se ha utilizado animales. Resultó especialmente polémico en 2015 el estreno del programa de Mediaset Vaya Fauna, presentado por Cristian Gálvez, que recibió numerosas críticas e incluso generó varias peticiones de firmas para ponerle fin. Ese mismo año fue también muy criticado el uso de una tigresa (a la que habían extirpado las uñas) en el videoclip  Amanecer, de la cantante Edurne. Otro ejemplo muy reciente es el uso de un mono tití en la serie L’ultima nit de karaoke, estrenada hace unos días en el canal de televisión catalán TV3. Resulta paradójico que en el propio argumento de la serie el mono sea rescatado e incluso el personaje que interactúa con él le diga que pronto estará en la selva saltando como a ellos les gusta, y que por otro lado en realidad estén utilizando ellos mismos a un animal que nunca debería haber sido apartado de su verdadero hogar. El mensaje que se da es totalmente contradictorio.

A pesar de que la legislación de la inmensa mayoría de comunidades autónomas establece que se ha de garantizar que el daño a los animales sea simulado y que los productos y medios empleados no les provoquen perjuicio alguno, en numerosas películas se ha podido probar el maltrato animal e incluso la matanza de animales contraviniendo las leyes. Un caso paradigmático, y que en gran parte inició este debate en la sociedad, fue la conocida película Babe, el cerdito valiente, del director Chirs Noonan, para la que hasta 48 cerditos fueron sacrificados porque engordaban y crecían muy rápido y ya no tenían las condiciones requeridas para el papel que protagonizaban. De entre muchos otros ejemplos, podemos destacar el de la película de El Hobbit: un viaje inesperado, denunciada por la muerte de 27 animales (entre ellos, caballos, cabras, ovejas y pollos) o Como agua para elefantes, en la que se utiliza a una elefanta que había sido brutalmente entrenada mediante un instrumento llamado bullhook (un barrote con un gancho de acero al final que se utiliza para empujar, agarrar y pinchar a los elefantes). Como explica la entidad Elephant Voices, esta herramienta es utilizada por muchos manipuladores de elefantes en zoológicos o circos para conseguir que realicen determinadas conductas.  En el artículo Ningún animal sufrió daños durante el rodaje (salvo los que murieron a golpes, ahogados o empalados) se citan otros ejemplos y se cuestiona el trabajo de la AHA (American Humane Association), una entidad no gubernamental cuyo trabajo es monitorizar el trato que reciben los animales en las producciones cinematográficas y conceder o no la etiqueta ‘Ningún animal resultó herido en el rodaje de esta película’.

En España, se desveló que durante el rodaje de la película Blancanieves (una versión en blanco y negro con una protagonista torera) nueve novillos fueron torturados y matados. Lo explica perfectamente la abogada que llevó el caso, Arancha Sanz, en el podcast de INTERcids, operadores jurídicos por los animales. En esta ocasión, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid obligó a la CAM a invocar un expediente sancionador contra los responsables de la película, pero éste no es, en absoluto, un caso aislado. Con una rápida investigación se pueden encontrar decenas de películas que han sido denunciadas por maltrato animal. Lo mismo ocurre con series, anuncios, videoclips y otro tipo de rodajes.

Por otro lado, esta industria, además de generar un gran sufrimiento a los animales, implica graves peligros para todas las personas que trabajan con ellos (actores, actrices y resto del equipo de producción), y así lo reconocen los propietarios y entrenadores de diferentes empresas de alquiler de animales para rodajes en una publicación difundida por el diario Público. Augusto Peralta, fundador de Fauna y Acción, aseguraba a ese medio: “Si un lobo quiere probarte, porque son muy jerárquicos, puede marcarte con los dientes; por ejemplo, en un muslo. Y si retrocedes, entonces puede morderte en serio”; “Un águila real, cuya fuerza en las garras es increíble, tomó manía a un adiestrador y, cuando la volamos, él se metió en el coche para evitar incidentes. Una vez el ave estaba en el aire, él salió, confiado. Pero la rapaz giró en picado y le clavó las garras”. Por su parte, Andrés Albarracín, de Zooko Producciones, afirmaba: “Sencillamente, sucede con frecuencia que un animal salvaje, aunque lo hayas criado tú, a partir de un momento deja de servir. Un tigre sabe que es un tigre”, lo que nos hace reflexionar sobre qué pasa con aquellos animales que “dejan de servir”.

También los animales de familia, al ser obligados a realizar determinadas conductas, pueden resultar peligrosos. En el medio citado, Antonio Valor, especialista de Animales en Acción Resican, sostenía que “precisamente ahora estoy buscando cómo sustituir a un perro, que no era mío y ha mordido al actor después de semanas de rodaje. Se trata de acabar la grabación sin que se note que es otro animal”.

Reflexión final

Dicen que rectificar es de sabios. Yo misma he acudido hace años a espectáculos con animales silvestres, e incluso he llegado a interactuar con ellos, algo de lo que estoy profundamente arrepentida. No era consciente, como estoy segura de que muchísima gente todavía no lo es, del enorme perjuicio que esas actividades provocan a los animales. Pero siempre estamos a tiempo de rectificar. Hoy en día tenemos muchísima información de la que antes carecíamos y es necesario que, especialmente las personas que disponen de un gran altavoz en sus redes sociales y en otros medios, hagan llegar el mensaje adecuado. No podemos seguir siendo cómplices del maltrato animal, que no por ser encubierto es menos maltrato animal. Adquirir animales silvestres para compañía, acudir a espectáculos con animales o compartir y comentar positivamente publicaciones como las de Santi Serra nos hace ser cómplices. Ojalá también él y otras muchas personas rectifiquen, porque siempre se está a tiempo de cambiar de actitud, y eso es lo que hace al ser humano evolucionar. Cada decisión de cada persona en su día a día cuenta. Porque al final lo que termina siendo comúnmente aceptable no es más que un cúmulo de decisiones individuales.

¿Quieres ser parte del cambio?

Escribe a las productoras que utilizan animales en sus rodajes y pídeles que dejen de hacerlo. Explícalo de forma amable y constructiva pero contundente, para que entiendan lo que hay detrás de la industria del alquiler de animales para rodajes. A raíz del uso de chimpancés en un anuncio televisivo en 2006, la Fundación Mona propone un texto muy acertado, que se puede adaptar.

Algunas de las productoras que utilizan o han utilizado animales son, entre otras muchas, Diagonal TV, EL Terrat, Globomedia, Vancouver media, Arcadia Motion Pictures, Noodles Production, El Deseo, Contubernio o Fórmula TV.





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