Thursday, January 27

¿Por qué se dispara el empleo y la recaudación fiscal si el PIB no despega?


“Los últimos datos ‘macro’ son como una ducha escocesa: si ves los de crecimiento, se te pone una cara; y si miras los de creación de empleo y recaudación fiscal, se te pone otra”. Así explica un experto en contabilidad nacional lo difícil que está siendo evaluar en qué situación está realmente la economía española. 

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No se trata solo de ver cuánto crece el Producto Interior Bruto (PIB) y si se van a cumplir las previsiones del Gobierno o de si hay organismos internacionales que señalan que hay que pisar el freno con las estimaciones y no echar las campanas al vuelo. El trasfondo va un paso más allá y sobrevuelan preguntas e hipótesis sobre si el Instituto Nacional de Estadística (INE) está midiendo bien el PIB y por qué los datos de creación de empleo, de afiliaciones a la Seguridad Social y de recaudación fiscal no se ven reflejados en los datos de crecimiento.

Respecto a la creación de puestos de trabajo, España ha vuelto a las cifras prepandemia, con datos históricos en cifras de empleo y con 61.768 trabajadores afiliados más en noviembre, de media, el dato más alto de la serie histórica. En cuanto a los ingresos tributarios, hasta octubre, se dispararon un 16,3%. 

En cambio, los datos del PIB no son, ni de lejos, tan optimistas. No sólo no han recuperado los niveles prepandemia, sino que aún están más de un 6% por debajo del crecimiento que se alcanzaba antes del estallido del coronavirus. 

Indicadores desacompasados

“Mi impresión es que hay un problema con la medición del PIB”, explica a elDiario.es un experto en contabilidad nacional. “Es un sistema de indicadores, que publican distintas fuentes y, ahora mismo, todo el mundo ve que hay datos desacompasados”, señala. “La hipótesis, desde fuera, es que cuando comenzó el confinamiento los indicadores no tenían el mismo significado, por ejemplo, las cifras de horas trabajadas. El INE se centró en algunos de esos indicadores y la medición del PIB se desajustó. Ahora, con la vuelta a la normalidad, no se ha vuelto a reajustar”, resume.

Las dudas sobre si se estaba midiendo bien el crecimiento surgieron hace unas semanas, cuando el INE revisó sus propias estimaciones del PIB del segundo trimestre del año. El 30 de julio aseguró que se había crecido a un ritmo del 2,8%. En cambio, dos meses después, afirmó que, en ese trimestre, solo se había avanzado un 1,1%. Una revisión nunca vista, como indica el economista y estadístico, Francisco Melis. 

El último dato, el del tercer trimestre, adelantado por el INE, apunta que España creció entre junio y septiembre a un ritmo del 2% (2,7% interanual). Pero ese dato no es el final, ya que el definitivo no se conocerá hasta el próximo 23 de diciembre y, distintas fuentes, señalan que estas cifras se van a revisar al alza.  



La pasada semana, el INE convocó una reunión del Grupo de Analistas de Coyuntura Económica (GACE) donde, precisamente, se debatió sobre la medición de la coyuntura económica. 

“El INE no ha dicho que se vaya a revisar al alza el crecimiento del PIB. Lo que comentó a los analistas en la reunión de noviembre es que los indicadores conocidos y publicados desde el cierre de los datos de avance del PIB hasta el día de dicha reunión mostraban, en general, un comportamiento más favorable que los disponibles en el avance”, indican desde el Instituto Nacional de Estadística. Y en cuanto a la reunión, aseguran que fue “una sesión informativa informal convocada por el INE para intercambiar opiniones con los analistas y aclarar sus dudas metodológicas acerca de las cifras publicadas en los últimos trimestres, en un contexto de análisis coyuntural complejo debido a la pandemia”.

¿Han faltado datos?

“Lo que sucede en 2021 es que la economía hace una inflexión y los indicadores divergen en signos, porque hay retardos temporales”, explica Gregorio Izquierdo, director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE), el servicio de estudios de la patronal CEOE. “No hay datos completos porque en los datos del avance del PIB no estaban disponibles todos los de inversión y sector exterior, sí había indicadores de empleo y de consumo privado. Pero, cuando incorporas todo, hubo que revisarlo”, resume. 

“El caso español es peculiar porque los datos de PIB no concuerdan del todo con indicadores alternativos que suelen ir bastante de la mano, como la recaudación o el empleo”, afirma Ángel Talavera, economista en Oxford Economics. “Ahora mismo en Europa no tenemos otro ejemplo donde ocurra lo mismo. De todas maneras, las dinámicas entre países pueden ser muy distintas por motivos, por ejemplo, de tener estructuras económicas diferentes, sin que tenga que significar necesariamente errores de medición”, matiza.

El INE explica que, en cada trimestre, los datos del PIB de periodos anteriores se actualizan a medida que se va incorporando nueva información de base o revisiones. “En el dato del avance del segundo trimestre, publicado el 30 de julio, la mayoría de los indicadores sobre la evolución económica ofrecían resultados hasta el segundo mes”. Es decir, mayo. A partir de ahí, se van añadiendo fuentes. “Los resultados publicados el 23 de septiembre incorporaban ya la información actualizada de todos los indicadores estadísticos sobre la evolución económica”, matiza. “En esta revisión influyó particularmente la actualización de la información sobre ventas de grandes empresas y pymes”.

El INE también justifica que “los efectos económicos de la pandemia y el impacto sobre la actividad estadística y sobre la coyuntura económica de las medidas adoptadas para combatir sus efectos están planteando un desafío sin precedentes para la estadística. Y ello está provocando que las revisiones sean mayores de las que se producen en otras situaciones”.

¿Más empleo pero menos productivo?

Sea por la pandemia o el modelo de medición, los datos de empleo –España ha superado los 19,7 millones de afiliados– sin un crecimiento que los acompañen, puede estar señalando un frenazo de la productividad, que haya más personas empleadas pero produzcan menos. Y, de nuevo, no hay una sola forma de verlo. 



“Los datos del INE del segundo y tercer trimestre indican una caída de la productividad de los trabajadores”, asegura Miguel Cardoso, Economista Jefe para España en BBVA Research. “Desde 2010, la relación entre horas trabajadas y PIB ha sido relativamente constante: por cada 1% de incremento en la primera, vemos un aumento de un 1% en la segunda”, enumera. “Sin embargo, en el segundo trimestre del año, las horas trabajadas se incrementaron un 4%, mientras que el PIB apenas avanzó un 1%. En el tercer trimestre se ha revertido algo la situación, pero no completamente. Las horas trabajadas han avanzado alrededor de un 5,5%, mientras que el PIB sólo un 3%. Esto implica una reducción de la productividad por hora trabajada de un 2,5%”.

¿Y cuáles son los motivos?. “Las razones detrás de lo anterior podrían ser varias. La primera, que dada la reducción de los incentivos fiscales asociados a los ERTE, las empresas hayan tenido que reincorporar prematuramente a sus trabajadores aunque la demanda no se hubiera recuperado. Por ejemplo, los hoteles no pudieron estar a plena capacidad en algunos meses por la baja afluencia de extranjeros”, indica Cardoso.

“Una segunda explicación es que, aunque hay demanda, no hay insumos para producir. Esto puede estar pasando en sectores industriales, donde los trabajadores pueden estar siendo subutilizados por la falta de bienes intermedios debida a la disrupción de las cadenas de valor a nivel global”, es decir, por los cuellos de botella en el transporte mundial y la falta de microchips, entre otros. “Adicionalmente, pudiera producirse un ‘efecto composición’: los nuevos trabajadores no son tan productivos como los ya contratados. Por último, es posible que el teletrabajo haya tenido que ver algo también, en la medida en que las personas sean menos productivas en casa”, indica el Economista Jefe para España en BBVA Research.

El teletrabajo no sería, entonces, igual de productivo. No lo ve igual María Jesús Fernández, economista senior de Funcas. “Puede que los trabajadores que teletrabajan declaren más horas de las que hacen, pero la población que teletrabaja es minoritaria. Y puede que algunos sectores, como en la hostelería, se haya recuperado el empleo, que estén abiertos pero sin clientela. Y que haya divergencias en los datos de la construcción, porque haya obras paradas y sean cifras en las puede haber retrasos. Pero esos motivos solo explican una parte de la divergencia”, afirma la economista del ‘think tank’, dedicado a la investigación económica y social. “Me encaja más que el PIB está siendo infraestimado”, concluye.

A vueltas con la economía sumergida

La evolución del PIB y del empleo, según los expertos consultados, tiene más derivadas. Una de ellas, que en estos meses estén aflorando empleos ‘sumergidos’ durante el confinamiento o, incluso, antes. “Los datos de afiliación van muy bien y puede que estén reflejando una normalización de la economía sumergida, que se está reduciendo tras la pandemia”, argumenta Gregorio Izquierdo, director general del IEE.

“Es cierto que puede estar aflorando economía sumergida, porque está habiendo esfuerzos de la inspección de trabajo y conversión de contratos. Esa es una forma de subir el empleo, pero es casi evidente que esa no puede ser la única explicación”, asegura Carlos Victoria, economista investigador de EsadeEcPol. Otras dos explicaciones pasarían, añade, por que los datos de medición de empleo no reflejarían bien la realidad del mercado laboral; y los citados cuellos de botella de las cadenas de suministro, que estarían modificando la producción, hacia una demanda local. 

“Que esté aflorando economía sumergida sería una de la explicaciones que ayudaría a encajar el motivo por el que el empleo está creciendo más que el PIB, si lo que estamos viendo es efectivamente empleo que ya estaba ahí pero que no estaba registrado”, asume Ángel Talavera, de Oxford Economics. “Pero no tengo evidencia concreta de que esto esté sucediendo, y en cualquier caso, si fuera así para mí sería una noticia positiva, no negativa”.

Hacia una nueva forma de medir la economía

Faltan certezas de qué está ocurriendo con los datos ‘macro’ pero, donde hay más consenso es en que la forma de medir el crecimiento tiene que cambiar o debería plantearse un cambio.

“Para mí la metodología de medición del PIB no está en cuestión, es homologable a la de los demás países europeos y tiene tanta fiabilidad como cualquier otro país. Otra cosa es que, más allá de los últimos datos de PIB algo extraños, la pandemia ha revelado la necesidad y la utilidad de usar datos económicos alternativos de frecuencia mucho más alta, que nos indican lo que está pasando en la economía casi en tiempo real, pero esto sería una discusión distinta”, detalla Ángel Talavera.

Qué hay que cambiar, no está tan claro. “Es difícil responder qué hay que cambiar. Durante la anterior fase expansiva se dijo que se estaba infraestimando el crecimiento del PIB, parece claro que no recoge bien el crecimiento”, aduce María Jesús Fernández, de Funcas.

Miguel Cardoso, Economista Jefe para España en BBVA Research, sí ve claro que, “aunque la metodología del INE está revisada y aprobada por Eurostat, es cierto que deberíamos avanzar en medidas de bienestar que incluyeran más variables. Por ejemplo, la desigualdad, la calidad de la salud, la sostenibilidad medioambiental”.

“La medición del PIB es un debate amplio. Hay diversas realidades económicas y sociales que no se están midiendo bien. Por ejemplo, hay una revisión internacional de la Comisión de Estadísticas de ONU, porque no se están teniendo en cuenta externalidades negativas de la producción, como el coste en el medio ambiente o los costes sociales, ni ciertas mediciones de la economía digital, el valor de los datos, que tienen un valor económico aunque no se computen”, resume Carlos Victoria, economista investigador de EsadeEcPol

Entonces, ¿cuánto va a crecer España?

En pocas palabras, no está claro. El Gobierno mantiene sus estimaciones de que el PIB rebotará un 6,5% este año y un 7% en 2022. Datos que están muy lejos del 2% que ha marcado el INE como dato adelantado del tercer trimestre, aunque previsiblemente lo elevé el 23 de diciembre.

La OCDE ahora prevé que España crezca un 4,5% en 2021 y que la economía no recuperará los niveles prepandemia hasta el primer trimestre de 2023. Es una cifra similar a la que augura la Comisión Europea, que estima un avance este año del 4,6%. 

Sí parece que, en algún momento, empleo y PIB volverán a caminar al mismo compás. “En algún momento durante los próximos meses veremos una convergencia de estas dos variables, con un mayor avance del PIB que del empleo”, prevé el responsable de BBVA Research. 

“Lo que está ocurriendo, en el fondo, es que la contabilidad exageró la caída de la economía en 2020 y, ahora, subestima el crecimiento en 2021”, resume el economista Francisco Melis. “Lo mismo en unos meses vemos que el PIB crece más que el empleo y que el crecimiento estadístico, en 2022, es mayor que el real”, añade María Jesús Fernánez de Funcas.



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