Friday, February 3

Vista atrás a 2021, el año del renacer cultural por quienes te lo contaron


Solo fueron unos meses de confinamiento estricto, pero los suficientes para dejar a la cultura en coma en 2020. 2021 era el año del regreso, de los retos y del renacer. Y aunque es imposible dar por satisfecha una tarea hercúlea como la recuperación total de un sector, el annus horribilis de la pandemia poco a poco va quedando atrás.

La cultura ayudó a sobrellevar mejor el encierro y la incertidumbre, pero no se le devolvió el favor: el consumo por persona cayó en picado en 2020 anotando la peor cifra desde 2007 y 85.000 puestos de trabajo fueron destruidos. Las vacunas y el certero eslogan de que “la cultura es segura” han dado algunos frutos un año después, en el que por lo menos ha vuelto a ocupar su lugar en la agenda política (con nuevo ministro incluido), la opinión pública y los medios de comunicación. Para los datos habrá que esperar.

Críticos y colaboradoras de este diario narran cómo se ha vivido 2021 desde sus áreas de especialización, llenas de grandes momentos, pero también de pifias y promesas incumplidas. Un broche agridulce, como dictan estas fechas, para recordar lo bueno y lo mucho que queda por hacer.

Libros: el sector más mimado

Carmen López, periodista cultural más enfocada en temas de libros y autora de uno de los mejores obituarios de Rafaella Carrá, reconoce que “el sector no se ha visto tan afectado como otros”. Al menos es lo que reflejan las cifras ofrecidas por las asociaciones de libreros, en las que las ventas han crecido un 25% respecto al año anterior. “Sin duda es una buena noticia: los lectores han apoyado a las librerías de proximidad y la clientela se ha rejuvenecido”, destaca.

Respecto a esto último, “fue muy divertido ver cómo parte de una supuesta intelectualidad del país se indignó cuando se enteraron de que los chavales se gastan el dinero en manga, como si los cómics no fuesen una lectura válida. Hay que reírse de las cosas ridículas”. Para López, es “una alegría ver títulos como Hamnet de Maggie O’Farrell colándose entre los más vendidos o Un amor, de Sara Mesa, entre los más prestados en la biblioteca”.

También rememora el debate que generó el libro de Sally Rooney sobre las etiquetas o las estrategias de la industria editorial para vender, más allá de la calidad del libro. Imposible no mencionar a Carmen Mola, la polémica literaria del año. “Algo realmente bochornoso fue dar el premio Planeta de un millón de euros a tres señores que firman con nombre de mujer –y los lloriqueos de los que decían que ahora solo se publica a mujeres”, critica. Por contra, “el empuje que los grandes premios han dado a la literatura africana, tan desconocida en España, ha sido motivo de celebración”. 

Algo realmente bochornoso fue dar el premio Planeta de un millón de euros a tres señores que firman con nombre de mujer

Carmen López
Crítica de libros

“Es inevitable hablar de la Feria del Libro de Madrid al respecto de la recuperación de los grandes eventos, aunque para los lectores del resto de comunidades quizá no sea muy relevante. Pero este año ha estado movidita por la lista de escritores colombianos invitados, que dejaba fuera aquellos no afines al Gobierno de Iván Duque, la desigualdad entre editoriales grandes y pequeñas y el cese de Manuel Gil como director. Ha sido como ver una serie con palomitas”, reconoce. De hecho, se le suma el nombramiento de la editora Eva Orúe para dirigir el mayor evento literario del país, junto con Sant Jordi: será la primera mujer en hacerlo en 80 años.

Por último, recuerdos menos agradables como “la guerra cultural del Gobierno de la Comunidad de Madrid contra los homenajes a Almudena Grandes. Quiero pensar que si ella pudiese, les mandaría a pastar”. “Su pérdida (y para mí también la de Joan Didion) ha sido lo peor de un año que, como poco, ha sido interesante”, concluye.

Teatro: entre la precariedad y el aforo completo

Para Pablo Caruana, crítico con 25 años de experiencia en las artes escénicas el renacer parece claro, o no tanto. “La verdad es que llevamos meses haciendo La Yenka a lo Enrique y Ana (eso de “izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás, un dos tres”) con tanta nueva ola. Pero sí, en 2021 se recuperaron los aforos, hubo festivales presenciales, se acabó con tanto experimento online y hubo presencia internacional en los grandes eventos como el FIT de Cádiz, el Festival de Otoño en Madrid o el Temporada Alta de Girona”, rememora.

Además, después de muchos meses, se recuperaron los musicales en Madrid y Barcelona. “Así mide la sociedad en buena medida la salud del sector, por su facturación”, lanza el experto. Pero ni siquiera el musical, que es el pulmón financiero de las artes escénicas, ha acabado bien su 2021: “Ha habido cancelaciones por la COVID-19 en musicales como Tina y una caída en taquilla de más del 50% en plena campaña de Navidad”. 

Como “la vida escénica del país va más allá del musical”, otra realidad es la de las compañías, los actores y los técnicos. “A día de hoy, todavía no sabemos cuántas compañías de medio formato, actores y técnicos se han quedado por el camino. La encuesta que realizó AISGE a finales de 2020 es desesperanzadora a más no poder: los actores y bailarines que obtenían más de 12.000 al año han pasado del 33% al 4%, y el 97% han visto caer sus ingresos por debajo del umbral de la pobreza a raíz de la pandemia”, enumera.

Nunca vi los teatros tan llenos, cuando era al 50% del aforo, al 50%, cuando era al 75%, al 75%; y ahora que rige el 100%, rara es la función que no esté por encima del 90%

Pablo Caruana
Crítico de artes escénicas

En 2021 ha vuelto poco a poco el trabajo y los profesionales mencionan el rescate que han supuesto las plataformas audiovisuales en ello. “Aunque, y perdonen el pesimismo, esto suene a espejismo más que a realidad sostenible”, dice. “Quizá el sector necesite modernizarse, pero lo que necesita antes son ayudas directas a compañías y creadores, y acoger como residentes a los creadores escénicos en los más de 800 teatros públicos que hay y que muchas veces tan solo se dedican a la exhibición de una programación dudosa y posibilista de espectáculos”, critica.

Pero quizá, lo que más destaque Caruana como observador y espectador en el teatro y la danza de 2021 es el público. “Nunca vi los teatros tan llenos, cuando era al 50% del aforo, al 50%, cuando era al 75%, al 75%; y ahora que rige el 100%, rara es la función que no esté por encima del 90%”, reconoce con más optimismo.

Así ha ocurrido en todas las funciones de Una noche sin luna, que le procuró a Juan Diego Botto el Premio Nacional de Teatro. “Hoy se aplaude más, y es un aplauso entre el agradecimiento y la entrega inconsciente que, después de meditarlo mucho, solo puede ser positivo y esperanzador”, subraya.

Cine: las salas desinflándose frente al ‘streaming’

El cine pandémico afronta los mismos desafíos que el cine prepandémico, pero lo hace teniendo muchos más elementos en contra. Así lo resume el crítico de cine Alberto Corona, a quien últimamente hayas leído en profundas reseñas como Encanto, La crónica francesa o Dune.

“Con el estallido de la pandemia, el streaming se ha consolidado, jugándose no tanto la relevancia del medio como su carácter de experiencia colectiva. Es decir, la asistencia a salas”, reconoce. De hecho, en 2021 la taquilla española ha crecido un 45% respecto a 2020 y ha recaudado 250 millones de euros, que no es ni la mitad de lo conseguido en 2019.

Pero ha habido cierta recuperación. “Una, sin embargo, tan llena de matices que la prudencia se antoja aconsejable”, espeta. “Mientras que el modelo híbrido de salas y streaming de WarnerMedia se ha saldado con un sonoro fracaso —con la excepción de Dune y Godzilla vs. Kong—, la compañía a la que mejor le salen las cuentas proclama alegremente su interés en nutrir catálogo”, destaca. De esta última conviene mencionar también el lanzamiento de la última de Matrix, 20 años después del fin de la trilogía original.

Por más estrecho que sea ahora su margen de recorrido, el cine puede seguir ejerciendo de gran consuelo

Alberto Corona
Crítico de cine

Por su parte, “Disney es la major que mejor ha encadenado los éxitos de siempre y ha sido capaz de devolvernos a los tiempos antes de la COVID 19″. Spider-Man: No Way Home ha cerrado el año con la tercera mejor taquilla de la historia y ha recibido sonoros aplausos a la altura de Vengadores: Endgame.Este festival fanservice ha desafiado la variante ómicron en unas semanas marcadas por la angustia de quienes pensaban que esto acababa, y no”, matiza el también escritor.

“Pero, por más estrecho que sea ahora su margen de recorrido, el cine puede seguir ejerciendo de gran consuelo”, confía Corona. El regreso a pleno pulmón de festivales como San Sebastián y Sitges, y el interés generado por las nominadas a los Goya (con mención especial a El buen patrón, que ha conseguido un billete a los Globos de Oro y quién sabe si a los Oscar), han devuelto la confianza en la magia del cine.

Alberto destaca tres funciones más: “Prolongar las conversaciones, ya sea con Una joven prometedora o No mires arriba; hacernos bailar, ya que 2021 ha sido un año fértil para el musical, desde Encanto a West Side Story; y, sobre todo, conminarnos a creer en el futuro, como quiso creer Jonás Trueba en Quién lo impide. En sus rostros juveniles está la constatación de que el cine sigue vivo, y debemos mantenerlo así”.

Música: ateos y macroeventos

El periodista especializado Nando Cruz cree que el año del presunto renacer del sector musical ha sido más bien el año del sálvese quien pueda. Según su experiencia en Catalunya, “se celebraron macrofestivales (Cruïlla, Vida y Canet Rock) durante los peores momentos de la pandemia porque nadie tuvo el valor de cancelarlos; los peces grandes se comieron a los medianos (macrofestivales como Primavera Sound reconvertidos en ciclos de conciertos de medio aforo como Les Nits del Fòrum) y los medianos a los chicos (desdibujando así la importancia cultural de las salas más pequeñas)”.

“Del mismo modo que 2020 fue el año de los buenos propósitos y de asumir que era necesario fortalecer los cimientos del sector para estar algo más preparados cuando llegasen futuros terremotos, 2021 ha sido el año en el que todos esos buenos propósitos se esfumaron en cuanto se abrió la veda de los conciertos; si no antes”, critica. Se refiere a que la precariedad de técnicos y artistas, la base de la pirámide, sigue intacta y cronificada.

2021 ha sido el año en el que todos esos buenos propósitos se esfumaron en cuanto se abrió la veda de los conciertos; si no antes

Nando Cruz
Crítico de música

También a la red estatal de pequeños locales, que tampoco está para lanzar cohetes: “Los únicos que pueden garantizar la riqueza, diversidad y descentralización territorial de la música en vivo, asisten atónitos a unas políticas culturales que solo piensan en rescatar los grandes saraos veraniegos”, explica el crítico, autor de reportajes como este de los macrofestivales o este otro de la escasa diversidad racial en España.

Y, para colmo, “la gran estrategia que se atisba en el horizonte de 2022 es la de organizar festivales todavía más descomunales para recuperar cuanto antes los ingresos que se escaparon en estos dos años de parón. Como si ya no existiese la pandemia. Como si no existiese una crisis climática. Como Fitzcarraldo”, concluye quien lleva desde finales de los años 80 tomándole el pulso a la música. Fruto de esta situación, en 2022 se vivirá un monumental atasco de conciertos: no hay fechas ni grandes espacios para todos. Algo que, sin embargo, los promotores perciben con optimismo porque la gente se ha arrojado hacia la música en vivo.

En cuanto a los lanzamientos, este 2021 ha sido el año de lo nuevo de Adele, Lana del Rey, Foo Fighters, Zahara, Billie Eilish, Travis Birds o C. Tangana. También el de las polémicas con este último, incluyendo la bachata que provocó un cisma en el Arzobispado de Toledo. La Iglesia y Vox también censuraron carteles de Zahara “por ofender a la virgen”.

Política: el año en que la cultura deseó el 2022

Para Peio H. Riaño, experto en políticas culturales, el protagonista cultural del año ha sido Miquel Iceta, nombrado ministro de Cultura “por sorpresa y a su pesar por el presidente Pedro Sánchez, con la misión de rescatar al sector de su parálisis mortal”. Peio ha cubierto gran parte de las historias que a partir de aquí se mencionan.

Por ejemplo, que la bomba de oxígeno llegó en el último trimestre con el levantamiento de las restricciones y con el anuncio del aumento del 40% en los Presupuestos. También que Iceta llegó al Ministerio con un objetivo aún más concreto: “Sacar adelante el Estatuto del Artista, una vez resueltas las disputas entre Cultura, Trabajo y Hacienda”.

“También ha aprobado un Plan de Fomento a la Lectura que todavía carece de objetivos, pero cuenta con 13 millones de euros; ha creado el Archivo Histórico de Movimientos Sociales (sin un euro de presupuesto) y ha resuelto sin heridas el escollo de la transposición de la directiva europea de la propiedad intelectual en el mercado digital”, enumera Riaño.

En la casilla de los mayores errores de Miquel Iceta, el también historiador señala todo lo relacionado con la conservación y protección del patrimonio. “Pero el mayor tropiezo de su corta vida como ministro de Cultura y Deporte sucedió con la dimisión que le presentó Dolores Jiménez-Blanco como directora General de Bellas Artes, tras negarse a firmar el traslado de la Dama de Elche del Museo Arqueológico Nacional a su lugar de origen”, explica. Esto abrió una posible descentralización de los restos arqueológicos, pero quedó neutralizada por el escándalo político.

El protagonista del año ha sido Miquel Iceta, nombrado ministro de Cultura por sorpresa y a su pesar con la misión de rescatar al sector de su parálisis mortal

Peio H. Riaño
Experto en políticas culturales

Por último, “el nuevo ministro de Cultura y Deporte remató la jugada que había empezado su predecesor, José Manuel Rodríguez Uribes, y en julio logró que el Gobierno diera el visto bueno al alquiler de la colección particular de Carmen Cervera por 15 años, a razón de 6,5 millones de euros anuales y prorrogables otros cinco más”.

En total, como desvelan las informaciones de Riaño, se pagarán a la propietaria 130 millones de euros –a pesar de la falta de un informe que analice el valor de la colección– con una opción de compra superior a los 1.000 millones de euros por las 400 obras que conserva, custodia y difunde el Museo Thyssen-Bornemisza desde hace 20 años. “Cervera nos informó de que antes había tenido que retirar la colección de los paraísos fiscales y trasladarla a Andorra. Ha pasado medio año desde el “sí” del Gobierno, pero no hay anuncio de la firma del contrato… ni del regreso de Mata Mua, de Paul Gauguin”, concluye el crítico.

Patrimonio: sin ley pero con mayor voluntad ciudadana

2021 ha sido el año de una progresiva transición a la normalidad para el patrimonio español, especialmente en la apertura de nuestros monumentos. Así lo destaca el periodista e historiador José María Sadia, colaborador y cazatesoros del patrimonio.

“La basílica de la Sagrada Familia y el palacio de La Alhambra, dos de los más fiables termómetros turísticos del país, recuperaron buena parte del caudal de visitantes perdido en el año de estallido de la pandemia. Iglesias, monasterios, catedrales y todo tipo de enclaves históricos reabrieron sus puertas todavía con restricciones de aforo y medidas sanitarias. Aunque paradójicamente, la racionalización de las visitas ha mejorado la experiencia en muchos casos: circuitos menos masificados recorridos con el mayor interés”, enumera.

El año termina con el reconocimiento a la Fundación Catedral de Santiago de Compostela por recuperar el Pórtico de la Gloria. “Un justo premio que no salda la gran deuda del país con el cuidado del patrimonio más desconocido y disperso, también el más olvidado y castigado: el que habita en el mundo rural”, censura el experto. Además, “Iniciativas de asociaciones y vecinos —como la loable recuperación de una iglesia románica en el pueblo de Villamorón (Burgos)— demuestran que hay esperanza, y que no depende en exclusiva de la voluntad de las instituciones públicas”, añade.

Iniciativas de asociaciones y vecinos demuestran que hay esperanza, y que no depende en exclusiva de la voluntad de las instituciones públicas

José María Sadia
Crítico de Patrimonio

En el plano más político, Peio H. Riaño recuerda sin embargo el “sonado portazo de Iceta a la reforma de la Ley de Patrimonio Histórico de 1985, de la que dijo en el Congreso que nació muerta”. “Tiró a la papelera el borrador que había dejado el equipo de su antecesor y dejó claro que la redacción de una nueva norma ya no era prioridad”, relata Riaño. Justo el año en que la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad el Paseo del Prado y el Retiro, “las partidas de los Presupuestos Generales dedicadas a la conservación y protección quedaron bajo mínimos”.

Pero Sadia prefiere quedarse con lo bueno: “La pandemia no solo ha relanzado sectores culturales como la venta de libros, sino que también ha permitido otorgar justo valor al patrimonio histórico como seña de identidad y brújula para el futuro en numerosos territorios en crisis”.

“La lluvia de millones prevista por los fondos europeos para la recuperación en 2022 ha de suponer un punto de inflexión, una prueba de que la lección se ha aprendido. Investigación, restauración, digitalización y divulgación, una reiterativa rima de términos que pueden coger vuelo el año que ahora comienza”, pide para el nuevo curso.

Arte: viaje a Basilea y a la quiebra española

Déborah García es historiadora, apasionada del mundo audiovisual y nómada. Para ella, Close Up ha sido la exposición extranjera más impactante. “Quizá su importancia para el mundo del arte sea anecdótica, pero para mí ha sido un punto de inflexión. Viviendo de viaje desde el momento que empezó la pandemia, son numerosos los museos que he podido visitar y en los que a duras penas he podido disfrutar de los cuadros y de las obras realizadas por mujeres”, reconoce.

Close Up se exhibió en la fundación Beyeler de Basilea y mostraba diferentes obras de nueve artistas mujeres fundamentales para la Historia del arte moderno. “En aquella visita comprendí que ya no se trataba tanto de reinvidicar a aquellas mujeres olvidadas, que también, sino que se trataba de repensar instituciones, exposiciones, se trataba sobre todo de cuestionar hasta mi propia escritura. Ir contra el genio, los maestros, la historia del arte cronológica y las academias”, explica la crítica de arte.

Quizá su importancia para el mundo del arte sea anecdótica, pero para mí la exposición ‘Close-Up’ ha sido un punto de inflexión

Deborah García
Crítica de arte

Pero en España también se han inaugurado importantes exposiciones, desde Picasso hasta Emilia Pardo Bazán, Miró en Barcelona, Murillo en el Prado y Magritte en el Thyssen. También ha estallado el fenómeno de las NFT, se ha celebrado una inusual feria de ARCO y el Museo Reina Sofía ha llevado a cabo una ambiciosa renovación de su colección.

La otra cara, a nivel nacional es la quiebra. “Los museos están al borde, tal y como relatan las pérdidas acumuladas en el año 2020: en 2021 apenas han podido remontar con los aforos limitados y las cuentas bajo mínimos”, destaca Peio H. Riaño. “Y a pesar de todo, las colecciones artísticas y públicas aplaudieron la confirmación del Tribunal Supremo del expolio cometido en 2016 por el banquero Jaime Botín de Cabeza de mujer, de Pablo Picasso”, cuenta el crítico.

Precisamente del artista malagueño se celebrarán los 50 años de su muerte en 2023 “y la batalla con Francia está servida”, vaticina. “Como broche museográfico, en 2021 tampoco se inauguró el Museo de las Colecciones Reales y ahora le tocará a Ana de la Cueva, nueva presidenta de Patrimonio Nacional cortar la cinta de un museo con la misión de alabar a la Corona pero sin saber cómo hacerlo”, concluye.

Epílogo, por Elisa McCausland

Este 2021 que termina ha estado especialmente marcado por una aceleración en la producción y el consumo cultural dentro de una burbuja en la que se sigue compitiendo de manera frenética, más aún si cabe que antes de la pandemia. En esta batalla por la economía de la atención, la ironía reside en que la cultura sigue confinada, de la misma manera que lo estamos sus agentes culturales, atrapados en nuestros panópticos 2.0 mientras fuera de la burbuja se suceden acontecimientos que pasan desapercibidos, o que a la crítica no le interesa analizar.

Transformaciones en el consumo del ocio digital que, sin ir más lejos, han traído consigo cambios en los usos y costumbres, con YouTube y fenómenos como Ibai a la cabeza, que apuntan a este y otros canales similares como la nueva radio visual dispuesta a hacernos compañía en nuestros cubículos. En esta misma línea, la producción y el consumo de pódcast también se ha disparado, a la vez que se suceden fenómenos de mainstream invisible como el de la cultura teen donde el manga y las sagas de fantástico son la realidad de un mercado cuyos potenciales ya han detectado las editoriales que se abonan a productos young adult, también en el mundo del cómic.

Asimismo, no podemos dejar de lado cómo la “vieja” cultura de masas –realities, películas de tarde, series policiacas– sigue su camino, mientras nosotros seguimos insistiendo en buscar aquellos productos culturales que mejor nos queden. (Elisa McCausland es crítica e investigadora en cultura pop y feminismo, y autora del mejor libro de análisis sobre Wonder Woman, editado por Errata Naturae).

Muchas gracias a Pablo Caruana, Alberto Corona, Nando Cruz, Déborah García, Carmen López, Elisa McCausland, Peio H. Riaño y José María Sadia. También a los colaboradores que no aparecen en este repaso, pero sin los que sería imposible hacer la sección de Cultura: Ignasi Franch, Guillermo Jiménez Carazo, Felipe G. Gil, Rosa Gil, Clara G. Lorenzo, Rocío Niebla, Ignacio Pato Lorente, Alana Portero, Diego Salgado, Miguel Ángel Villena y Pablo Vinuesa. Con especial mención y gratitud a Francesc Miró.



www.eldiario.es